Ni con los grandes males ni con los grandes remedios
El Madrid incita al sopor. Sin engaños. Uno se sienta frente a la tele y ya sabe de antemano lo que se va a encontrar: un equipo plano, sosísimo, que ya escatima hasta los destellos con los que acostumbraba a llevarse los partidos. Salieron desde el inicio Solari, Owen y Gravesen, a los que la grada reclamaba hace no mucho tiempo como grandes remedios. No jugaron Zidane, Raúl ni Beckham, tres de los señalados como grandes males. No cambió nada. Y estuvo Ronaldo, pero como si no. Con el pinchazo del Barça, el Madrid prolonga sus opciones y hace más atractivo el partido del próximo domingo en el Bernabeu. Tres partidos (y el average) le separan del Barça en la tabla. En el campo, con el balón rodando, y pese a que los de Rijkaard no son el Brasil de Pelé, la distancia es mucho mayor.
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