God save Frank Lampard

franklampard.gifAunque acabó 4-2, el partido contenía mucha brega y poco fútbol. Chelsea y Bayern empataban (1-1) porque Joe Cole había marcado de rebote y Schweinsteiger (Esbenstéiguer, según Michel y De la Casa) había empatado de rechace. Reinaba una tediosa atonía hasta que apareció él: Frank Lampard, un tipo dotado para todo y, en especial, para convertir lo imposible en pan comido.

En el 2-1, Lampard reaccionó con tal soltura que, de no ser porque tuvo que perfilarse, habría parecido una jugada ensayada. Drogba peinó un pelotazo al área, recurso archiexplotado, y él, desde la frontal, la pego sin violencia, cruzada, allí donde no llegaba el avinagrado Kahn. Pocos minutos más tarde, en el 3-1, recibió solo ante el portero alemán, pero de espaldas. Dio igual. Girarse y pegarle, esta vez con más rabia, fue todo uno. Sin necesidad de mirar la portería. Así es él, Frank Lampard: corre, corta, pasa, chuta… Que se sepa, maneja bien todas las suertes. No se le resiste nada.

El doble mazazo noqueó al Bayern, que parecía temeroso de recibir el 4-1, sin darse cuenta de que un 3-2 le metía de lleno en la lucha. Pero el ataque alemán, con la baja de Makaay, no existió en todo el partido. Se limitó a la soledad de Guerrero, último representante de esa extraña conexión latina que se ha instalado en la delantera del equipo en los últimos años. El peruano fue una víctima más del planteamiento defensivo del Bayern. Estrategia genial que, por cierto, se saldó con un saco de cuatro goles. El último del Chelsea, obra de Drogba, resultó intimidatorio. Más que un gol, fue un fusilamiento.

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