Frank, el fumador

frankrijkaard.jpgA Frank Rijkaard le encanta fumar. O a lo mejor no le gusta, pero está enganchadísimo. Eso sí, evita airear su vicio en público. Una cámara le cazó en plena retransmisión y él, al darse cuenta, arrojó el pitillo al suelo de inmediato, como un adolescente sorprendido en la calle por mamá. En la entradilla de una entrevista publicada en Marca, el defenestrado Matallanas le llegó a contar siete cigarrillos (hablo de memoria, pero no exagero) en apenas tres cuartos de hora de charla. Según hemos leído, Rijkaard comenzó a fumar cuando jugaba en el Milán, arrastrado por turbulencias familiares. Sacchi ha recordado estos días la densa humareda que nublaba su habitación en las concentraciones.

De aquello hace 15 años. Frank se ha hecho adulto. Ha dirigido a la selección holandesa y está a punto de ganar con el Barça la Liga española. Sin embargo, aún sigue fumando a escondidas, lejos de los focos, fuera del alcance del gran hermano. Como en el cine, la nicotina parece erradicada de los banquillos. Alguna imagen furtiva de Florentino apurando un cigarro en el palco y poco más. Ni rastro de los enormes puros de Casaus o Bernabeu. Se impone la corrección política. A este paso, y puesto que la sombra de Cruyff es alargada, vuelve el chupa chups a Can Barça.

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