El fútbol de las cavernas

El fútbol italiano es cavernÃcola. No ya por el catenaccio, que tiene una legión de seguidores incluso más allá de sus fronteras. La razón es otra. AllÃ, en Italia, unos ultras pueden permitirse el lujo de suspender un derby, inventándose la muerte de un niño, como demostración de fuerza. Y no pasa nada. O le abren la ceja al árbitro de un monedazo, que tampoco. Otros pueden hacer colectas para sufragar la multa impuesta a un futbolista que dirigió un saludo fascista a la grada. Porque algunos jugadores se ganan a pulso, y de la forma más baja, los favores del estrato más miserable de la grada. Y muchos presidentes no sólo lo permiten, sino que lo financian.
El calcio está podrido. No es casualidad que hoy, el dÃa que aquà hemos hablado del fantasma de Mussolini, un árbitro haya tenido que detener un partido de Copa de Europa por el lanzamiento masivo de bengalas. Lo mejor que le puede pasar al Inter es que la UEFA, tan sensibilizada siempre con el fair play y tan obsesionada con hacer caja, le imponga un castigo ejemplar. Es la única forma de hacérselo ver.
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