Yo, yo y yo

marcodivaio.jpgDe un tiempo a esta parte, el ego hiperdesarrollado de algunos jugadores considera una afrenta personal que su entrenador les sustituya, aunque sea a diez minutos del final. Se retiran haciendo aspavientos, o meneando la cabeza, para evidenciar su descontento. En algunos casos, escrutan de reojo el banquillo y juran en arameo. En la mayoría, miran de frente y blasfeman en un nítido castellano.

El último agraviado ha sido Marco Di Vaio, que debió de considerarse muy humillado al verse sustituido el pasado domingo en Mallorca Con su pueril y furiosa reacción (la pagó con una botella de plástico con agua), el delantero italiano se retrató de arriba abajo. A los futbolistas les encanta hablar de humildad y trabajo en las entrevistas, no se cansan de decir que no existen intocables. Pero luego llegan los partidos y aparece la tensión. Relajan la guardia y se muestran tal cual son. Un manojo de egoísmo y vanidad.

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