El gol fantasma de Okubo

Okubo Yoshito Okubo, el delantero japonés que llegó al Mallorca en el mercado de invierno fue protagonista de la jornada de Liga del sábado por conseguir uno de esos goles que en fútbol se llaman “fantasma”. El árbitro no concedió el tanto que, ya en tiempo de descuento, le hubiese dado la victoria al Mallorca y le habría proporcionado un nuevo impulso en su intento de evitar el descenso.

Este es el segundo gol de este tipo que hemos visto en cuatro días; el pasado martes, el de Luis García sí fue concedido y permitió la clasificación del Liverpool para la final de la Champions. El de Badalona pudo celebrarlo, el de Fukuoka no. ¿Es tan difícil en la era de las nuevas tecnologías encontrar un sistema que resuelva estas jugadas tan decisivas?

Las imágenes de televisión, aunque siempre insuficientes y por lo tanto interpretables, parecen dar la razón al juez de línea y al árbitro del Osasuna-Mallorca. El disparo de Okubo tras regatear a Sanzol lo consigue salvar David López sobre la misma línea de gol. Sin embargo, en el caso de la semifinal de la Champions, no hay ni una sola imagen que despeje por completo las dudas sobre el gol de Luis García.

Casos de goles fantasma en la historia del fútbol son sobradamente recordados; sin ir más lejos, y por aquello de que nos puede la afición, cuando hablamos de goles fantasma siempre se recuerda aquel disparo de Michel ante Brasil en el Mundial de Mexico 86, que no se concedió como gol. Aunque quizá uno de los más decisivos de la historia del fútbol ocurrió en la final de la Copa del Mundo de 1966; gracias a ese tanto dudoso, la anfitriona Inglaterra venció a Alemania. Yo no había nacido por entonces, así que no puedo dar mi opinión. Sin irnos tan lejos en el tiempo, esta misma temporada recuerdo el gol que tampoco se le concedió a Orbaiz en el Bernabeu, tras un tiro impresionante desde el centro del campo.

Esperemos que la FIFA se haga eco de las numerosas voces que piden la incorporación de las nuevas tecnologías al mundo del fútbol. Un negocio que mueve mucho dinero, pero que sigue estando sometido al criterio visual de un juez de línea; cuando un simple microchip podría haber hecho mucho más feliz a Okubo, por ejemplo.

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