No funcionó la pata de conejo

serginho.jpgLa Juve ganaba en San Siro. Trezeguet había marcado poco antes de la media hora y el Milan notaba ya cómo se le descosía del pecho el Scudetto. Tras el descanso, Ancelotti decidió dejar en la caseta a Pirlo; en su lugar salió Serginho. Parecía un cambio lógico. Al menos, no pilló de sorpresa a nadie que haya seguido las semifinales de la Liga de Campeones, en las que el centrocampista italiano desapareció engullido por el centro del campo del PSV.

¿Buscaba Ancelotti la mordiente del brasileño por el costado izquierdo? Probablemente. Sin embargo, la radio ofreció una segunda versión. En una jornada en la que a media España se le agotaron las pilas del transistor, Carrusel Deportivo reveló, citando como fuente a Fernando Redondo, que el entrenador del Milan recurre a Serginho como amuleto: “Le pone porque está convencido de que trae suerte, de que el tío tiene flor”, aseguraba Paco González, que insistía en la seriedad de la noticia. No era para menos.

Ni la superstición se alió ayer con el Milan, al que suele exigirse la brillantez que nadie espera de la Juve. Pese a Serginho, la Juve se llevó los puntos y más de media Liga. Un poderoso argumento para que Capello siga engordando (aún más) su inmensa figura de entrenador estrella. De ganador. Más que un talismán o una simple pata de conejo.

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