Joaquín, autorretrato de un “zángano”
Joaquín es un bohemio confeso. Sencillo, disperso, holgazán, conformista… Los adjetivos los pone él, de manera implícita, en dos entrevistas concedidas en las últimas semanas a ABC y El País. Como autorretrato no tiene precio.
“Antes era más zángano porque pensaba que con hacer lo mío, que es atacar, bastaba, pero cuando se va adquiriendo madurez y todos los entrenadores que vas teniendo coinciden en que hay que trabajar más, que hay que pensar más en el equipo, pues te das cuenta de que debe ser verdad (…) Me sobra tranquilidad, me sobra pachorra. Me faltan nervios. Yo salgo al campo a disfrutar, a divertirme. Claro que quiero ganar, pero si no gano no me cabreo… Bueno sí, pero me tenía que cabrear más”.
“Yo no soy de las personas que estén dándole vueltas todo el día a lo que ha fallado o a lo que ha hecho bien. Si me sale, me sale. Si no me sale, ya me saldrá. A lo mejor soy muy poco exigente conmigo mismo, pero yo soy así y no lo puedo cambiar (…) Sé que muchas veces me hace falta centrarme más o meterme más en algunos partidos. No sé cómo arreglarlo porque es mi forma de ser. Si no he cambiado ya, creo que así se queda”.
Joaquín tiene 24 años y, sin embargo, se considera ya incapaz de corregir sus debilidades. Con un mínimo de espíritu y autoexigencia, ¿dónde podría llegar?
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