Lo que dijo Etoo y lo que dirá Laporta
Hay quien piensa que el éxito cambia a las personas. Otros creen que no, que tan sólo las muestra.
Con su patético éxtasis aferrado a un micrófono que minutos antes había bendecido Serrat, Etoo se retrató de los pies a la cabeza: contradictorio, codicioso, orgulloso, e inconsciente.
Contradictorio porque lo mismo se muestra agradecido un día con su antiguo equipo que desagradecido al siguiente; porque se declara enemigo de los insultos racistas y, al mismo tiempo, se muestra partidario de los insultos a secas.
Codicioso porque, convertido ya con todo mérito en ídolo del Camp Nou, quiso endiosarse un poco más. Su mensaje iba dirigifo al culé antes que al madridista. Si el que recurre a esta práctica es un tuercebotas, como Marcelo Sosa, todo queda en un par de portadas en los diarios. Si lo hace un crack, como es el caso, habemus ídolo para la eternidad.
Orgulloso porque actúa como si el Madrid le debiera algo. Tanto le han repetido que Florentino le ninguneó, le despreció y le humilló que el chico ha acabado por interiorizarlo hasta hacer de ello un credo. Cómo no, si se lo dicen los mismos que han hecho de él una divinidad.
Inconsciente porque, además de un insulto, la celebración de Etoo constituye una incitación a la violencia. Esto no significa que el aficionado madridista esté legitimado para agredirle en el próximo Madrid-Barça. Significa que, a estas horas, igual hay más de un descerebrado pensando qué es mejor, si abrirle una ceja con un mechero o romperle una botella en la cabeza.
Perdidas las formas, hecho el ridículo, habrá que esperar ahora la reacción del barcelonismo. El aficionado de a pie, desde luego, no va a recriminarle nada a Etoo. La duda es si la prensa y el club estarán a la altura que exige este bochorno o si se comportarán también como un hincha más del gol norte.
De la prensa puede esperarse poco, por no decir nada. Los mismos que, cuando Figo sacaba de esquina en el Camp Nou, hablaban de provocación intolerable y justificaban el lanzamiento de cochinillos disculparán ahora a Etoo por la euforia del momento, la juventud del muchacho y su más que justificado despecho. Por la hora del suceso (casi a las once de la noche), las reacciones llegarán mañana. La experiencia augura que los columnistas optarán por la justificación o el silencio. Por la complicidad, en todo caso.
Del club, en cambio, debería esperarse más. Rotundidad, principalmente, frente a la acostumbrada y confortable ambigüedad. Si Joan Laporta no es tajante y se desmarca del vergonzoso comportamiento de su estrella, confirmará que el Barça, aún en el siglo XXI, es rehén del catalanismo más rancio y más cutre. Por otra parte, Etoo le ha brindado una gran oportunidad para demostrarle a toda España (país en el que los aficionados del Barça son legión, por cierto) que su política es algo más que un curso acelerado de catalán para extranjeros y una trasnochada senyera.
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