Hombrada del Liverpool

gerrard.gifSe agotarán los adjetivos. O no, porque la tentación será usar siempre los mismos: increible, apoteósico, inolvidable… Cualquiera de ellos es válido, ninguno sobra. Cedo el turno a quien quiera hablar de táctica o de justicia.

Muchas esperanzas se desplomaron casi con el pitido inicial. Un derechazo de Maldini convirtió el partido en una cuesta empinada para los ingleses. Y al filo del descanso, tras dos goles de Crespo y una exhibición de Kaká (3-0), el título era una quimera. ¿Cómo no se iba a ver el Milan levantando la séptima?

El Liverpool, un equipo corto de fútbol, se atrevió a desafíar a la lógica, y fue ese empeño el responsable de que el partido se acabara tiñendo de rojo. La explicación, por llamarlo de alguna manera, se concentra en los cinco minutos (increibles, apoteósicos, inolvidables…) que van del cabezazo de Gerrard al penalti de Xabi Alonso. Entremedias, un zapatazo de Smicer y once tipos bombeando a todo trapo la sangre caliente de la grada. De su grada. Si alguna reacción era posible, no consistía en embotellar a los italianos durante 45 minutos y mover el balón con paciencia, precisamente.

Luego el Milan se rehizo, sí, y a punto estuvo de perdonarse la prórroga. Pero Dudek, portero sospechoso donde los haya, comenzó a acaparar protagonismo. Le tiraron poco en la prórroga, pero su momento era la tanda de penaltis, justo cuando todas las miradas se dirigían al elástico Dida. Fue entonces cuando Dudek completó la hombrada. Le paró un penalti a Pirlo y otro al balón de oro, Shevchenko. Dando un par de pasitos al frente, bien es cierto (muy mal Mejuto). Hasta es posible que Serginho mandase su lanzamiento fuera al verlo serpentear sobre la línea de gol. Y eso que el brasileño era talismán.

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