Laporta-Rosell: acordes y desacuerdos

Laporta La crisis interna desatada en la directiva blaugrana ha terminado convirtiéndose en un espectáculo mediático más propio de la prensa rosa que del periodismo deportivo. Durante la última semana hemos oido hablar de terceras personas, celos, envidias, personalismos, traiciones… Un auténtico culebrón que nos permite extraer ciertos datos para la reflexión:

La presencia de Cruyff desestabiliza. Siempre ha sido así. El holandés mantiene un peso importante en el entorno del club. Sus opiniones siempre son comentadas y controvertidas en Can Barça. Desde su enfrentamiento final con Núñez, Cruyff ha sido un elemento perturbador para todas las directivas. Laporta en cambio, por su amistad personal, le acogió en su bando y ha terminado rompiendo la junta.

Laporta y Rosell eran amigos; ya no. Su relación de amistad era evidente cuando hace dos años se presentaron a la misma candidatura a la presidencia del club. Durante los últimos tiempos se han distanciado hasta el punto de terminar con descalificaciones personales. Rosell calificó a Laporta de títere, mientras que el presidente le ha llamado “hipócrita”.

El asunto Rijkaard: nadie es inocente, tampoco él. Cuando al principio de la pasada temporada el equipo no conseguía resultados el entrenador llegó a estar en la cuerda floja y Rosell le buscó sustituto: su amigo Scolari. El equipo se restableció y recuperó una buena racha, que ha mantenido hasta conseguir la Liga. No creo que el pasado verano Rosell le intentara echar; pero sí creo que alguien le vendió esa historia a Rijkaard. Desde entonces sus relaciones se cortaron y el holandés empezó a lanzar avisos por boca de su segundo. Terminada la Liga, con la garantía del título; Rijkaard ha tenido el apoyo suficiente para entrar de lleno en la crisis. El entrenador se ha mojado hasta el cuello; veremos cómo le sale.

El Dream Team vuelve. Una constatación de la influencia de Cruyff en el club es la recuperación de las glorias del Dream Team para ocupar puestos de importancia en el club. El más importante de ellos, Txiki Beguiristain, como responsable de fichajes. También están Eusebio, Amor y el nuevo director de las secciones inferiores, Alexanko.

Holandeses contra brasileños. Esa es quizá la lucha clave que ejemplifica toda la crisis. Las buenas relaciones con el mercado brasileño de Rosell permitieron la llegada al Barça de Ronaldinho, Belleti, Edmilson, Silvinho y Deco. Este año, las tornas han cambiado y los fichajes los hacen Txiki y el entrenador. En diciembre llegaron al club Albertini, amigo de Rijkaard, y Maxi López (no está claro quién apostó por él). Los nuevos fichajes siguen la misma dinámica: un holandés, Van Bommel, y un riojano, Ezquerro, procedente del Athletic. Las preferencias han cambiado.

La ruptura ya estaba abierta durante la temporada, pero los buenos resultados del equipo de fútbol (otra cosa sería hablar del baloncesto), permitieron aguantar la división interna hasta su estallido a final de Liga. Por fortuna para el Barcelona, la temporada ha terminado con un título que permitirá aplacar la crisis. Otra cosa será el próximo año, si el club no consigue títulos, la ruptura de la junta puede pasar factura a Rijkaard, Laporta, y su directiva.

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