El embudo de Luxa
Ya sabíamos que Vanderlei Luxemburgo mira con desconfianza a los extremos. Fundadas razones tendrá, es de suponer. “Los jugadores con calidad están desaprovechados en la banda”, declaró hace unos meses. Quizá ve en ellos un capricho estético, una distracción vana que poco o nada tiene que ver con la eficacia ¿Acaso consiste este juego en transportar el balón hasta una esquina del campo?
La puesta en práctica de esta idea, arcaica o el colmo de la modernidad, según se mire, coincide en el espacio y el tiempo con una plantilla aquejada de un mal crónico: moverse poco, pedir la pelota al pie y despreciar el espacio.
El País aborda hoy este asunto. Basta un vistazo a la plantilla madridista para intuir que los costados se confiarán a las subidas de los laterales, y poco más. Luxemburgo dibujará este año un embudo que augura larga y placentera vida a la hierba que crece junto a las bandas del Bernabeu.
Más cuidados, en cambio, precisará la corona del área. Con Solari ya en Milán y Figo de camino, Beckham y Baptista ocuparán las bandas. Del inglés, entre cuyas cualidades no se encuentra el desborde, proclaman sus paisanos que es un mediocentro a la derecha. El brasileño, pese a ser todoterreno, no se ha hecho famoso por sus devaneos junto a la cal. La solución a uno de los grandes enigmas de su fichaje (¿Dónde jugará?) y que ha traído en jaque estos días a los periódicos deportivos, absortos en cábalas mentales más propias del sudoku, la facilita hoy el mismísimo Florentino Pérez en una entrevista en el diario As: “Luxemburgo lo quiere para jugar como medio por la izquierda. Estábamos buscando alguien para esa posición“.
Definitivamente, Luxa no es un hombre de extremos.
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