Lo nuevo y viejo bajo el sol de Chamartín
Temporada pasada: Segundo, 80 puntos
Desde que, mediada la última Liga, Vanderlei Luxemburgo llegó a España, el Real Madrid sumó más puntos que el Barcelona. Lo consiguió con excelentes rachas sustentadas en el viejo binomio: goles de Ronaldo, paradas de Casillas. El Madrid fue un equipo agazapado que ganaba a la contra, por inercia… Sin gran fútbol.
Un año más, el Madrid cuenta con una lujosa plantilla capaz de obtener excelentes resultados sin dar lo mejor de cuanto se le supone. En cambio, no se adivina en ella la frescura necesaria para acometer grandes empresas. Y menos aún para la liga. Los dos grandes fichajes, Baptista y Robinho, inspiran gran optimismo, pero Florentino Pérez no se ha atrevido a echar el castillo abajo (o no ha podido) y reconstruirlo desde los cimientos. En el Madrid actual, primero se ficha a un jugador. Luego, se le busca sitio entre la nebulosa galáctica.
Junto a los brasileños, llegan dos uruguayos: Pablo García y Carlos Diogo, para equilibrar un poco la plantilla más que para sustituir a los que se fueron: Figo, Samuel, Solari, Borja, César y Celades. A los ojos del entrenador de turno, Guti sigue pareciendo un paria; Woodgate aún es un enigma y la aportación de la cantera, según parece, será testimonial. Hay cosas nuevas bajo el sol, pero no son demasiadas. Las apreturas del calendario y la diplomacia impondrán las rotaciones entre los intocables, con Owen sentado pacientemente en el banquillo si no se encuentra un comprador.
Previsión: salvo que Robinho y Baptista contagien a sus compañeros, tiene todas las papeletas para acabar la Liga en segundo lugar. Y eso, salvo que gane la Copa del Rey o la Copa de Europa, para el Madrid sería un fracaso.
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