Para perder en cuartos hay que ganar hoy
La amargura de la Eurocopa 2004 aún impregna cada partido de España. La afición, que había comenzado a desengancharse de la selección con la llegada de Iñaki Sáez, encontró en Lisboa un sólido argumento para dar la espalda a un equipo que, lo forme quien lo forme, nunca cumple sus promesas. Ni siquiera tras el fracaso de Francia 98 y la posterior derrota en Chipre se había apreciado tal desencanto. Entonces, la llegada de Camacho acompañada de algunos momentos de fútbol brillante consiguió que la ilusión brotara de nuevo (aunque con el desenlace habitual). La selección de Luis Aragonés no ha hecho méritos para que nadie recobre la fe. Como la de Sáez, atraviesa penurias en un grupo de clasificación muy accesible y participa sin demasiado brío en los insípidos amistosos que perpetra la Federación, generalmente contra rivales de medio pelo (China, Venezuela, Canadá) que no sirven precisamente para sembrar entusiasmo. La frase: “Hoy juega España” despierta tedio en lugar de excitación. Este equipo no sólo es incapaz de hacerle nueve goles a Austria, sino de marcar uno solo en Bosnia o Lituania.
En medio de tamaña apatía, el partido de esta noche es una imprescindible excepción. No hay vuelta atrás, y eso garantiza buena entrada en el Calderón y mejor audiencia en TVE (22.00 h). Nadie espera una victoria brillante, pero cualquiera espera una victoria. Algo más que la clasificación está en juego. Si España no está en Alemania 2006, recuperar la ilusión puede llevar muchos años; si España no logra meterse entre las 32 selecciones del próximo Mundial, sus aficionados no tardarán en evocar con nostalgia aquellos años en los que la selección alcanzaba los cuartos de final. Algo que, al fin y al cabo, significa estar entre los ocho mejores del mundo.
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