¿De verdad son humanos los árbitros?
La tercera jornada de esta Liga 2005-06 es la del pitido, igual que otras fueron en su día la del cochinillo o la del penalti de Marchena. La pifia de Rodríguez Santiago en Montjuïc es uno de esos errores que sirven para alimentar la leyenda negra de nuestros árbitros. El descrédito total que persigue a este colectivo no es casual ni se fragua de la noche a la mañana. Tampoco se sustenta en sus errores de apreciación, en un fuera de juego de más o de menos, en un penalti de aquí o de allá. Es un problema de actitud, conocimiento y credibilidad. En los últimos años se les ha visto, entre otras cosas, fingir agresiones o pitar penaltis de espaldas a la jugada. Lo último ha sido tomarnos a todos por sordos. Y por tontos.
Los árbitros piden respeto por su trabajo, en el que ciertamente resulta difícil acertar y muy sencillo equivocarse. Sin embargo, ellos nunca se equivocan. Se llevan los errores a la tumba si es necesario. Y si hace falta mentir, mienten. Cualquier cosa menos reconocer un error. ¿Por qué salen luego diciendo que son humanos?
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