Sustituir al “débil”

ruben.jpgDecimoprimera jornada del campeonato nacional de Liga, temporada 2003/2004, estadio Ramón Sánchez Pizjuán. El Real Madrid de Carlos Queiroz rinde visita al Sevilla de Joaquín Caparrós. Ante las numerosas bajas que presenta el equipo blanco en defensa, el efímero técnico portugués, decide dar entrada en el lateral derecho al canterano Rubén, en un intento por apostar en la famosa política de “Zidanes y Pavones” propugnada por su Presidente, pero en la que el portugués nunca había creído.

El experimento no pudo resultar peor para el equipo blanco, e iba a acarrear importantes consecuencias. A los 14 minutos de juego, el Sevilla ya ganaba por un contundente marcador de 3 goles a 0, y los madridistas Rubén y Pavón ya habían sido amonestados con cartulina amarilla por Tristante Oliva. Darío Silva hacía lo que quería entre los amedrentados e inexpertos defensas madridistas y Daniel Alves había encontrado una autopista en su banda, defendida por Raúl Bravo.

Queiroz, viendo la avalancha que se le venía encima, y que el resultado en contra de 3-0 empezaba ya a pesar demasiado sobre su cabeza, decidió hacer un sorprendente cambio en el minuto 20 de partido. Rubén, el joven jugador gallego que apenas había disputado unos minutos con el primer equipo, fue el sacrificado en una defensa que hacía aguas por todas partes, y que había sido la viva imagen del desastre de la política de cantera del club de Concha Espina. Aquella sustitución fue motivo de escarnio por parte de toda la afición y de la prensa, que vieron en el joven central la cabeza de turco sobre la que descansar todas las responsabilidades. Queiroz muy probablemente se equivocó alineándolo en una posición en la que nunca había jugado, y máxime contra un equipo como el Sevilla, con Reyes en su mejor estado de forma. Pero mayor fue el error cometido por el portugués al sustituir al rubio central: descargó todas las culpas en el jugador menos culpable de aquel desaguisado táctico que era la defensa del técnico, haciéndole un daño probablemente irrecuperable en su progresión como futbolista. Desde entonces, el jugador compostelano, no ha vuelto a disputar un sólo minuto con el primer equipo madridista (cesiones al Mönchengladbach y al Albacete la pasada campaña, y esta asentado en el Madrid Castilla).

Hace un par de semanas, volvimos a vivir una situación parecida. Casualmente, el protagonista también fue el equipo madridista, que vive anclado desde hace unos años en el mayor de los dislates tácticos de su historia. En la segunda jornada de la presente Liga, Real Madrid y Real Club Celta de Vigo se enfrentaban en el Bernabéu, con el resultado final que ya todo el mundo conoce. Con la polémica del resultado y del último gol celtiña, el debut en casa de Robinho y el estreno como madridista de Sergio Ramos, tal vez muy poca gente reparó en la enorme injusticia cometida por Wanderlei Luxemburgo con Paco Pavón. Con un empate a dos goles en el marcador, Luxe decidió no dar entrada al canterano en la segunda mitad, sacando en su lugar a Sergio Ramos. La razón oficial, una presunta luxación en uno de los dedos de su mano (un motivo ciertamente menor, y que a ningún jugador de fútbol impediría disputar un partido). Hasta ahí todo podría resultar normal en un equipo no habituado a la normalidad como es el Madrid, pero la sorpresa saltaba esta semana. Ante la baja de Ramos y la más que presumible de Helguera, el técnico brasileño parece que no alineará mañana a Paco Pavón en el equipo titular, como había venido haciendo cada vez que faltaba uno de los titulares o incluso en el primer y segundo partido de la temporada. Pavón esperará su turno en el banquillo, y su puesto lo ocupará el joven Mejía, o el inglés Woodgate (con la enorme incógnita en cuanto a su rendimiento y forma física que éste último supone).

¿Habrá dado Luxemburgo un machetazo a la progresión como futbolista de Pavón, como ya hiciese Queiroz con Rubén?

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