El Atleti sigue fiel a sí mismo
Del todo a la nada en 72 horas. Así es el Atlético, capaz de incendiar el Calderón un domingo y de volver al diván el miércoles siguiente. No es nada nuevo. Su naturaleza extrema, eufórica y depresiva, depara cada año estas situaciones. Sólo en eso es fiable. Si su extraordinaria actuación ante el Barcelona (2-1, remontada incluida) hizo olvidar los titubeos del arranque y echar a volar las campanas, la pifia de anoche en San Sebastián (3-2, remontada incluida también) ha sacudido ese optimismo. Justo cuando se hablaba de Champions League, del mejor equipo en mucho tiempo y hasta de repetir doblete una década después. “Los contrarios ya temen el efecto Petrov”, proclamaba en la Ser con orgullo una voz rojiblanca cuando el Atleti se prometía una noche feliz en Anoeta, estadio en el que aún no ha conseguido imponerse desde que fue inaugurado en 1993. También en esto se mantuvo el Atlético fiel a sí mismo. Privado de su piropeada pareja de centrales, que le sostuvo el año pasado y le libro quién sabe de qué, el Atlético volvió a las dudas. Volvió al tobogán, a las alegrías pasajeras, a la desilusión pura y dura. Al menos, hasta la próxima victoria. Así las gasta el Atleti.
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