Juanma Lillo hace las Américas
La noticia ha pasado un poco desapercibida: Juanma Lillo está haciendo las Américas. Con la temporada iniciada, se ha hecho cargo de un modesto conjunto mexicano, Dorados de Sinaloa. Lillo ha heredado un equipo que sumó cuatro puntos en las seis primeras jornadas y se estrenó con una abultada derrota (4-1) en su visita al San Luis. Tras el partido, declaró que el equipo estaba “cogido con alfileres” y falto de confianza. En su segundo encuentro, el Dorados venció por 1-0 al Veracruz con un gol de un viejo conocido: Sebastián Loco Abreu.
Muchos aficionados recelan de los entrenadores que se permiten utilizar en sus ruedas de prensa palabras que, normalmente, suelen escucharse en otros ámbitos. Pero el problema de Lillo, su desgastadísima imagen, no reside en su vena intelectual ni en su pose supuestamente reflexiva. El problema de Lillo es, simple y llanamente, que desde que ascendió con el Salamanca a Primera (con 29 años) cuenta sus aventuras por fracasos. Por eso, sencillamente, es uno de los entrenadores más desprestigiados que es posible recordar. Por su curriculum desolador cuyos fracasos argumenta amparándose en una eterna incomprensión. Ahora nadie va a pedirle que gane la Copa Libertadores con el Dorados de Sinaloa. Pero es de esperar, al menos, que no lo deje peor de lo que lo ha encontrado; que, si cesa en el cargo, al menos al equipo le queden los “alfileres” con los que estaba cogido.
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