Soldado al rescate
Demasiado sufrimiento. Esas podrían ser las dos palabras que definen el encuentro disputado anoche por Real Madrid y Olympiakos. Se adelantó pronto el Madrid, con gol de Raúl, tras una espectacular salida en tromba de los blancos. La primera parte fue un monólogo madridista, con numerosas ocasiones, increíblemente desaprovechadas. Beckham jugó los mejores 45 minutos desde que llegó a Madrid, bien arrimado a la banda derecha, sacando centros que siempre llevaron peligro. Baptista mostraba su llegada desde atrás, Pablo García se erigía en cacique en el círculo central, Robinho abría espacios… pero las ocasiones seguían desperdiciándose.
Demasiadas oportunidades de gol al limbo para un equipo que se supone que tiene un completo abanico de posibilidades ofensivas. Después de ver ayer el despliegue mostrado por el Barça en el lanzamiento de faltas directas, extraña ver cómo los especialistas del Madrid (Roberto Carlos, Beckham, Pablo García…) no terminan de afinar sus miras. Una tras otra, se desaprovechan faltas al borde del área.
Ver al mejor y al peor Real Madrid de la temporada, fue tan sencillo como esperar al arranque de la segunda mitad. El Dr. Jekyll se convertía en Mr. Hyde. Los blancos pronto se encontraron con el empate griego, y a partir de ahí, empezaron a descomponerse. El Madrid se calaba, ahogaba su motor, y no era capaz de volver a arrancarlo. Beckham, empeñado en caer al centro, dejó de servir balones magistrales desde la derecha. Baptista se encontraba delante con el tapón formado por Raúl y Robinho, y los nervios empezaban a aparecer. A todo esto, los griegos ganaban presencia en el mediocampo, gracias a un participativo Djordjevic, y empezaban a creer en la posibilidad de sacar algo positivo del Bernabéu.
Cuando todo apuntaba a un tropiezo madridista, los cambios de Luxemburgo se hicieron notar. La salida de Baptista, desatascó la zona central del ataque blanco. Con Robinho y Raúl cayendo a las bandas, el debutante Soldado se instalaba como referencia ofensiva en el área helena. Un balón servido desde la derecha por, cómo no, David Beckham, era aprovechado por el canterano para anotar el definitivo 2-1.
Con el desahogo de la apurada victoria, apenas se reparó en la tarjeta roja mostrada a Sergio Ramos cuando el partido ya expiraba. Cuatro partidos como madridista, y dos expulsiones para el sevillano. Debe vigilar su pulsómetro, porque juega un poco sobrerevolucionado.
En el lado opuesto, merece destacar el partido del uruguayo Pablo García. El fichaje más controvertido de la era Florentino, ése que aún hoy es mirado con recelo por muchos aficionados madridistas, ha robado balones, ha distribuido y ha jugado un partido completísimo. Ya era hora de ver a un jugador de este corte en el Madrid.
Secciones: Real Madrid, Liga de Campeones
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