Cuando el entrenador se convierte en protagonista (I)

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El pasado lunes, en el programa Fiebre de Fútbol de Canal+Deporte, se intentó analizar el porqué de la actual decandencia de Arsenal y Manchester United, dominadores absolutos del fútbol inglés en los últimos años.

Pasando por alto el hecho de que Abramovich haya construido un Chelsea prácticamente imbatible, el especialista en fútbol inglés, Duncan Shaw, apuntaba directamente a los banquillos como causa de los males de ambos equipos. En su reflexión, muy acertada a mi juicio, Shaw sostenía que tanto Sir Alex Ferguson como Arsène Wenger, habían trascendido el papel de simples entrenadores, y habían alcanzado un status superior, extremadamente peligroso para sus clubes. Ferguson y Wenger han pasado de simples entrenadores, a un papel de mayor protagonismo. Aúnan las funciones de entrenador-alineador, general manager y director técnico. Este hecho, en principio, no debería resultar problemático. Pero sí lo es, cuando el entrenador empieza a considerarse infalible e imprescindible en su club.

Especialmente sangrante es el caso de Sir Alex Ferguson. El entrenador escocés, después de 19 años en Old Trafford, ha alcanzado una posición de absoluto privilegio. Ha llegado a creer, que él es el Manchester United, y que sin su presencia, el equipo deambularía por las divisiones inferiores inglesas. Es el primer paso para comenzar a cavar su propia tumba.

En su empeño por demostrar que el Manchester United existe y es lo que es gracias a él, Fergie ha renunciado a fichar a grandes jugadores, convencido de que es capaz de reeditar los éxitos de finales de los 90 con unos pocos mimbres. Se ve capaz de reflotar al equipo sin apenas refuerzos, o con refuerzos que nunca darán la talla (excepción hecha de Wayne Rooney). Además, la cantera del United hace tiempo que no saca nada de provecho. Las grandes generaciones de futbolistas no se “inventan” de la nada, crecen solas, espontáneas. Será muy complicado que surja una nueva generación como los “Fergie Babes”. Los Fletcher, Robinson, Wes Brown y O’Shea no están a la altura de los Beckham, Scholes, Giggs o Neville. Por mucho que Ferguson se crea capaz de ponerlos al nivel de la última gran generación de jugadores que pisó Old Trafford.

Otro síntoma inequívoco de que Ferguson se ve por encima del bien y del mal, es su facilidad para situar a jugadores fuera de su posición. El último gran disparate, querer convertir a Alan Smith en un mediocentro al estilo Roy Keane. O retrasar la posición de Scholes hasta hacerle perder protagonismo ofensivo. O los continuos cambios de banda de los laterales. Ninguno de esos “experimentos” le ha salido bien hasta la fecha, y el equipo parece estancado en la mediocridad. Todo, por el exceso de protagonismo de Sir Alex.

En breve, la segunda entrega.

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