No cabe Duda
Si esta pasada semana hablábamos del “caso Iaquinta”, y criticábamos la actitud del Udinese en todo este asunto, este domingo nos hemos encontrado con un caso similar en nuestra Liga.
El portugués Duda no fue convocado por el Málaga para enfrentarse anoche contra el Atlético de Madrid, por expresa orden de la directiva malaguista. El motivo, al igual que en el “caso Iaquinta”, negarse a renovar su contrato con el club andaluz. Si bien legalmente la medida es lícita (no hay suspensión de sueldo, ni se le impide entrenar), atendiendo a la moralidad y a la ética, privar a un profesional de poder desarrollar su trabajo, no parece lo más acertado.
El jugador, de 25 años, dice tener varias ofertas de clubes grandes de Europa, y está dispuesto a marchar de Málaga y firmar lo que él considera “el contrato de su vida”. Esto no ha sentado nada bien en el seno del club.
Bajo la decisión de la directiva malacitana, subyace un problema de fondo más serio. Y es que, aparentemente, la actitud de clubes como el Málaga o el Udinese, no dista mucho de ser una forma de moderna esclavitud. Impedir a un entrenador alinear a uno de sus futbolistas, no siendo por un motivo disciplinario, deja bien claro hasta qué punto son capaces de llegar algunas directivas del fútbol actual.
Ya a finales de este verano, el jugador estuvo a un paso de ser traspasado a la Real Sociedad. Duda no aceptó el traspaso, gestionado por el propio Málaga CF, y decidió no estampar su firma en el contrato que le unía al equipo donostiarra. Este hecho, vino a enturbiar definitivamente la relación entre club y jugador.
En declaraciones a Onda Cero, el jugador ha admitido que “no está dispuesto a firmar por ningún equipo, mientras se le impida seguir disputando partidos“. La diferencia es que, de darse este hecho, el futbolista actuaría de una manera legal y ética. El club, hasta ahora, no lo ha hecho, sometiendo al jugador a un lamentable chantaje.
Mientras tanto, el equipo de La Rosaleda ha echado en falta a su futbolista en el encuentro que le ha enfrentado al Atlético de Madrid, dando una pobre imagen sobre el terreno de juego. Y es que, al igual una vez más que en el “caso Iaquinta”, la medida de la directiva, juega en contra de los intereses del club. Es el equipo el que termina perdiendo.
Veremos por qué lado termina de romperse la cuerda.
Secciones: La Liga, Atlético de Madrid, Málaga
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