Andoni Zubizarreta: “No es fácil levantarse con 25 millones de españoles a la espalda”
Hace algunos días, mi actividad al margen de Notas de Fútbol me llevó a interesarme por makeateam, la empresa de consultoría que preside Jorge Valdano. No sólo sacié mi curiosidad, sino que además tuve el placer de disfrutar de una agradable conversación con el director de la oficina de esta empresa en Bilbao y Barcelona, que no podía ser otro más que Andoni Zubizarreta. En su palmarés figuran seis títulos de Liga, tres Copas del Rey, una Copa de Europa y una Recopa. Además, disputó cuatro Mundiales y, el más difícil todavía, es amigo de Valdano y de Clemente. He aquí el encuentro, en versión extendida.
¿Cómo es su jornada laboral?
Puede ser diversa. Cuando tenemos un curso o una conferencia es como jugar partido: presentarte, explicar, saber llevar el curso… Eso no difiere mucho de cualquier otra empresa de consultoría. El resto de días trabajo principalmente en dos actividades: buscando a la clientela, o trabajando con ella, y en lo que sería el departamento de I+D, con las ideas que conocemos del mundo del deporte y trasladamos al de la empresa.
Estamos viviendo una época de cambio en el deporte, sobre todo en comercialización.
Sí, pero la parte que nosotros trasladamos a la empresa es la del deporte en sí, lo que es un vestuario y las relaciones entre las personas: entre los jugadores, el entrenador, el presidente, los que son figuras y los que no, los jugadores estructurales o especialistas… Se oye muchas veces que el fútbol es diferente y que no se puede comparar con otras cosas, pero hablas con un miembro de un consejo de administración y al final, aunque uno hable goles y otro de balances, hay cosas bastante parecidas: las relaciones entre personas, los jefes más o menos autoritarios, cómo se gestiona un grupo… Esa es la parte que trasladamos, aunque también hay una parte de la empresa que se dedica ahora a la consultoría deportiva que colabora con clubes interesados en mejorar su gestión.
Esa parte puramente deportiva, ¿es impermeable a la otra cara, a la del business?
No, una de las muestras más claras me parece el vestuario del Madrid. Pero sobre todo han variado las circunstancias de los deportistas. En el caso del fútbol, que es el que mejor conozco, tenemos la Ley Bosman, el artículo 1.006/85… Eso ya está hoy en día completamente asimilado, pero fue un cambio drástico en cuanto a la forma de relación o la movilidad de los jugadores, que ahora cambian más fácilmente de club. Eso ha generado nuevas situaciones en los clubes y nuevas formas de gestión. Un día me contaba Ronald Koeman que en su vestuario tenía jugadores de 12 nacionalidades. Esto ha cambiado igual que la movilidad laboral de la gente, que antes entraba a trabajar a los 18 años en una empresa y se jubilaba en la misma.
¿Cree que el futbolista, como profesional, está ahora peor visto que antes? Cambian fácilmente de equipo, algunos ganan mucho dinero sin demostrar nada…
No lo creo, hay percepciones diferentes. No es lo mismo un socio del Athletic de Bilbao de 70 años que uno de 30, porque sus circunstancias de vida han sido diferentes. Pasa con cualquier otra actividad de la sociedad. La euforia, el ánimo y la implicación de los aficionados por un club o unos jugadores no ha variado demasiado, aunque es cierto que la relación de las generaciones más jóvenes con los clubes es diferente. Cuando yo era chaval, era del Athletic y podía ir a ver al Madrid o al Barcelona. Ahora pones la televisión y puedes ver al Milán, al Manchester, la liga inglesa, la holandesa, la argentina…
¿Cómo ve un portero el trabajo en equipo? Siempre se dice que es el único especialista.
Es el especialista más obvio, porque juega con otra camiseta y puede jugar con las manos. Pero si cogemos al Barça de hoy vemos que Etoo es un goleador, Deco es un jugador de centro del campo, Puyol es un especialista en defensa… El concepto de equipo viene por la capacidad de integración en un grupo y de mejorar el rendimiento de todos. El portero tiene dos formas de relacionarse con sus compañeros: pensando que la raya del área es una frontera y que lo que pase más allá no es su problema, o integrarse. Yo, por ejemplo, le puedo enseñar a Romario como es el portero rival, si va mejor por arriba o por abajo, si falla en las salidas, si duda… Y Romario es un especialista que juega en mi equipo y del que también yo aprendo cosas.
Oliver Kahn, por ejemplo, juega en la raya de gol pero es el capitán del Bayern de Múnich.
Sí, viene bastante ligado por la cuestión cultural de cómo se entienden los equipos y los personajes de peso. No sé cuál será la relación de Kahn con sus compañeros, pero sí puede que tenga una gran implicación con el vestuario pese a no tener una gran participación en el juego. Quizá es de los que defienden al chaval más joven o al que acaba de llegar y se está integrando. Eso a veces no se ve fuera. Los liderazgos en acción y en el vestuario no siempre coinciden. A la hora de negociar las primas, los pesos pesados pueden ser jugadores más estructurales cuya palabra vale mucho.
¿Aplican las negociaciones por las primas a sus conversaciones con empresas?
Aplicamos el tipo de negociación que se suele dar en el mundo del fútbol, que tiene un elemento como los medios de comunicación. Gran parte de la negociación se desarrolla fuera de la mesa y vemos si eso puede influir en tu ánimo o no, cómo puede hacer cambiar tu posición, cómo puedes trasladar tus propuestas a través de terceras personas… La Federación Española de Fútbol fue pionera en firmar las primas antes de comunicarlas, pero ese proceso también hay que negociarlo conjuntamente y da una sensación de paz social que es buena para cualquier empresa.
Cuando estuvo en el Mundial de Francia 98 ya había participado en otros tres anteriormente, ¿qué esperaban de usted los más jóvenes?
Que centrara a la gente en lo que iba a pasar. Antes de un mundial suele haber una concentración de 15 o 20 días en los que hay que poner a la gente en situación: transmitirle qué vamos a vivir, cómo lo vamos a vivir, qué circunstancias se pueden dar… Aunque cada mundial tenga sus particularidades. Luego pasa una cosa muy curiosa: el día que se da la lista de los 22 convocados hay 22 caras felices, pero una semana después ya hay 15 más felices y otros siete, que suelen ser figuras en sus equipos, ya piensan que no van a jugar tanto. Hay que intentar hablar de estas cosas para que, cuando sucedan, no sean una sorpresa, y también transmitir tranquilidad en los momentos de mayor tensión; hacia el grupo y hacia los medios de comunicación, porque según se acerca el día del primer partido la presión va aumentando. En el fondo esa es una de las funciones del capitán, hacer de bisagra.
¿Esas concentraciones fueron los momentos de mayor presión en su carrera?
No, los momentos de mayor presión son esos en los que te encuentras tú solo. Cuando debuté en la selección en Irlanda, por ejemplo, pero no me refiero al momento en que sales a jugar, sino a cuando llegas a la habitación, estás solo y piensas que Arconada se ha quedado en casa, que te va a ver un montón de gente… En esos momentos te sientes más presionado, porque eres más capaz de analizar la responsabilidad que tienes. Además, en esas concentraciones pasábamos mucho tiempo juntos el equipo, los entrenadores, directivos, periodistas… formando una gran troupe que se va moviendo. Y el roce hace el cariño, aunque también levanta ampollas. Hay situaciones complicadas: un partido, el que no juega, la crónica que ha escrito tal periodista… Hay que andar con mucho ojo, mantener el equilibrio colectivo sin descuidar tu entrenamiento personal.
¿Es de los que no dormía la noche antes de un partido importante?
No, aunque la noche antes del primer partido de un Mundial o un Europeo me costaba un poco más dormir, sobre todo al principio. La noche antes de jugar en contra Brasil en México 86 me costó, porque jugábamos en Guadalajara y estaba el recuerdo del Brasil de Pelé en el 70. Pero generalmente he dormido bien.
¿Y la noche de después?
Esa cuesta más. Hay un elemento, el cansancio, que en los porteros no se suele entender porque no corremos. Pero es cansancio psíquico, de tensión nerviosa. Cuando llegas a casa o al hotel después de un partido hay un grado de excitación grande que cuesta mucho rebajar. Y luego vienen las circunstancias de cada partido. Un gol como aquel de Nigeria [en el Mundial 98] te está continuamente repitiendo, repitiendo, repitiendo… Piensas en lo que has hecho y en lo que podías haber hecho. Al final, te acabas durmiendo por agotamiento, pero otras veces abres la ventana y ves que empieza a ser de día. A veces se forman grupos después de la cena para tomar un café o ir a la sala de masaje, terapias no planteadas que proporcionan cierta liberación. Te vas a la cama a las cuatro de la mañana, pero has soltado ya los sapos y culebras.
¿Has conocido muchos jugadores que fueran por libre y no quisieran saber mucho del equipo?
No hay gente que vaya por libre, todo el mundo es consciente de que necesita al equipo. Un personaje individualista podía ser Romario, pero eso no significa que no valorara al equipo; todo lo contrario. El recuerdo que tengo de él es el de un jugador, que a pesar de esa característica y de que una vez que salía del vestuario hacía su vida al margen del equipo, sentía que él era importante porque estaba en un equipo, el Barça, que era importante. Y eso le hacía mejor.
A su paso por el Valencia, Romario hizo unas declaraciones muy despectivas hacia el vestuario.
Romi era un personaje particular. Recuerdo que, tras esas declaraciones, se disculpó en el vestuario porque sabía que había metido la pata. Son cosas que suceden en el vestuario y no salen de ahí, otras vías de comunicación.
¿Qué jugadores ejercieron de líderes al inicio de su carrera?
En el Athletic había gente veterana: Goiko, Núñez, Dani, que era el capitán. Y en la selección Arconada, Camacho, Maceda, Santillana… Eran gente de la que aprendía. Fui a la Eurocopa de Francia 84 sabiendo que, salvo cataclismo, no iba a ajugar pero aprendí un montón. Hubo un boicot de los medios de comunicación al equipo, no se hacían declaraciones y se creó una situación muy tensa que se gestionó desde dentro para convertir una situación negativa en algo positivo. Aunque fuera sentado en una esquina del vestuario, sin participar en el juego, aprendí cantidad. En aquel Europeo no tuve ni una camiseta con el número 20.
¿Cuál ha sido el momento de mayor satisfacción de su carrera que ha pasado desapercibido para el público?
Cuando entré en Lezama después de fichar por el Athletic y, en lugar de girar a la izquierda, donde están los equipos base, giré a la derecha, que es donde entrena el primer equipo. Me encontré a un señor muy alto y era el Chopo [Iríbar].En ese momento me di cuenta de que era futbolista profesional.
Hablaba antes de aquel error que cometió en un partido frente a Nigeria, ¿fue su peor momento?
No, es que lo utilizamos en mi conferencia, El Especialista, porque fue muy visual. Fue un chaparrón duro, porque salía de una lesión y había jugado poco antes de aquel Mundial. Eso genera cierta duda en ti mismo, pero yo ese partido lo jugué bien excepto una décima de segundo. Cuando juegas de portero tienes esa diferencia entre el bien el mal, pero estoy muy contento de cómo reaccionamos, porque después de un golpe los equipos a veces se tambalean. Es fácil decirlo en el año 2005, porque en 1998 te levantas con 25 millones de españoles a tu espalda, y no suele ser fácil. Aprendes de todo ello, de tus debilidades y de las cosas que has hecho mal.
En otras entrevistas ha dicho que cree que en cada gol que ha recibido pudo hacer algo más. ¿Realmente lo piensa o es una especie de filosofía?
Lo pienso realmente. Un penalti bien tirado es imparable, pero la cuestión es, ¿qué hubiera podido hacer para que ese penalti no se cometiera? Si Beckham tira una falta por encima de la barrera y la mete por la escuadra, pensamos por qué no hemos trabajado que la barrera salte o que la defensa le ganase un metro. Se trata de crear automatismos que, cuando llegue el partido, parezcan que pasan sin pensar pero que están muy trabajados. Eso sí me lo ha enseñado el fútbol. La calidad del rival no se puede eliminar: gente como Ronaldinho se saca de la chistera cosas que no se han visto hasta ahora, como el gol contra el Chelsea. Sucede también en los negocios: de repente alguien inventa Google y, cuando quieres competir, descubres que te han metido gol y te llevan años de ventaja.
¿Esa enseñanza forma parte también de su trabajo con las empresas?
Sí, porque intenta desdramatizar eso que está tan en boga del éxito o el fracaso. Y a veces uno sólo encuentra alicientes para analizar si le meten gol, pero el fútbol te enseña a que si las cosas van bien hay cosas que puedes seguir haciendo para que funcionen mejor.
¿La memoria es resultadista?
Tenemos una memoria muy numérica. Eso que se llama éxito no garantiza otra serie de cosas. Cuando Jacquet [ex seleccionador francés] ganó el Mundial del 98, lo primero que le preguntaron al acabar la final fue si el resultado le hacía olvidar todo lo malo vivido en los años anteriores. Y dijo: “No lo olvidaré jamás, jamás”. La vida se compone de muchas cosas, amargas y dulces, y sólo nos quedamos con algunas. Javi Clemente dice que si no ganar es lo mismo que fracasar, Tiger Woods es un fracasado, porque había no ganado más torneos de los que había ganado. Vivimos de la actualidad, del último resultado.
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