Las eternas promesas (V): Pepe Gálvez
Pocos aficionados al fútbol, quizá los más jóvenes, no recordarán a Pepe Gálvez. En su día, el delantero mallorquín, fue considerado uno de los referentes ofensivos de una España carente de rematadores por aquella época. Dotado de una gran fuerza física, pero quizá algo torpe con el balón en los pies, su principal virtud estaba en su potencia rematadora, que aunó con un olfato de gol no demasiado afinado. Su fama de “delantero fallón” le persiguió hasta sus últimos coletazos por los campos de la máxima categoría.
Gálvez sigue siendo, a día de hoy, el jugador más joven en debutar con la camiseta del Mallorca en Primera División. Tenía 17 años y cinco meses cuando se vistió por primera vez la camiseta bermellona en un encuentro frente al FC Barcelona en el Lluis Sitjar. Tras jugar dos temporadas en el equipo de su tierra, una de ellas en segunda división, la temporada 1993/94 recaló en el Valencia de Guus Hiddink.
Su juventud y su fuerza, habían llamado la atención del técnico holandés, uno de sus principales valedores a lo largo de su carrera. En su primer año como valencianista, disputó más minutos que jugadores como Luboslav Penev o Juan Antonio Pizzi. Su progresión parecía no tener límites. Su mejor año a orillas del Turia, y su mejor temporada como futbolista, fue la 1995/96 ya con Aragonés en el banquillo ché, en la que anotó 11 goles en el campeonato nacional de Liga, incluido un hat-trick contra el Real Valladolid en Zorrilla.
En la temporada 1996/97, las cosas empezaron a cambiar para el delantero de Calvià. Sus apariciones en el once titular eran escasas, Valdano (que había sustituido a Luis) apenas parecía contar con él. Además, su propensión a las lesiones musculares, empezó a hacer mella en su rendimiento y en su progresión. Ante esta situación, el jugador fue cedido durante un año (1997/98) el Mallorca, en espera de su recuperación. Pero tampoco fue un buen año. Gálvez dispuso de minutos, pero no pasó de un pobre bagaje goleador de cuatro goles en toda la temporada.
En la 1998/99, su carrera dio un giro radical, y fichó por el Real Betis. En el conjunto verdiblanco, se topó con un Oli en su mejor momento, lo que le cerró las puertas de la titularidad. Sus registros goleadores seguían sin mejorar (cinco goles en su primera campaña como bético), y su progresión parecía definitivamente estancada. En el equipo sevillano permaneció durante dos temporadas más, hasta la 2000/01, ésta en segunda división.
Con su imagen ya bastante desgastada, el jugador fue cedido al Burgos CF, en la temporada 2001/2002, equipo que acababa de lograr el ascenso a la categoría de plata. En la ciudad castellana se encontró con otras “promesas”, quizá no tan conocidas, como Jon Cuyami o Isailovic. Tampoco a orillas del Arlanzón volvió a brillar como lo hiciese en Mallorca y Valencia, y tras un año de cesión (y el posterior descenso administrativo del Burgos), volvió al Betis, pero no consiguió entrar en los planes del técnico Víctor Fernández para la temporada 2002/2003. Aquí es donde se le pierde la pista.
Actualmente, con sólo 31 años, se encuentra viviendo en su Mallorca natal, colaborando con diversos acontecimientos futbolísticos en la isla.
Una eterna promesa, que desgraciadamente no pasó de la categoría de simple revulsivo en los equipos en los que militó.
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