Daudén Ibáñez desquicia al Madrid… y al Valencia

dauden.jpgAnoche llegó la segunda derrota para el Real Madrid en el Bernabéu en lo que llevamos de temporada, al verse superado por un gol a dos por el Valencia CF.Si bien todas las miradas se dirigen hoy hacia el árbitro del encuentro, Arturo Daudén Ibáñez, no se debe pasar por alto que el Valencia planteó un partido muy serio y fue justo vencedor del mismo, siendo también perjudicado, en ocasiones puntuales, por la labor del colegiado.

Si a este Real Madrid le quitas la pelota, su rendimiento se ve reducido drásticamente. Y eso el Valencia lo supo entender muy bien. Muy probablemente condicionado por la tarjeta amarilla que vio a los 20″ de partido, Pablo García, el encargado de recuperar balones y de romper el juego valencianista, no fue el de partidos atrás, y nunca consiguió imponerse a Aimar, Albelda y Baraja.

Un Zidane muy venido a menos, erró el discutible penalty con el que Daudén castigó un agarrón de Moretti a Sergio Ramos, y a partir de ese momento, el equipo blanco arrancó con una espiral de desaciertos que se sucedieron hasta el final del partido.

Llama la atención la escasa capacidad de los jugadores blancos (y tal vez también de su entrenador) para sobreponerse a las adversidades ante rivales de categoría. Estrellar un penalty en el poste y recibir un gol de falta directa a los pocos minutos no deberían ser motivo suficiente para que el equipo madridista se venga abajo con tanta facilidad, y menos aún en su propio estadio. Parece como si la motivación únicamente existiera con el 0-0 inicial, y que cualquier sobreesfuerzo es demasiado para los jugadores blancos. Lo de las remontadas épicas contra equipos de nivel queda para otros.

Al gol de Raúl (una vez más, de los pocos que realmente creyó en la remontada), le siguió el penalty que terminaría de encender los ánimos madridistas. Una mano involuntaria de Sergio Ramos tras un centro desde el lateral de Vicente, y un motivado Villa que transforma el penalty. Para unos la mano y la intencionalidad es clara, y para otros no. La eterna discusión.

Una vez más volvió a quedar patente que, en ausencia de Ronaldo, el Madrid no tiene un “9″, excepción hecha del joven Soldado. Ocasiones hubo para los blancos, pero sensación de posible remontada no. La tenacidad de Raúl y unos últimos minutos a buen nivel de Robinho, no fueron suficientes para poner en apuros al Valencia.

Con un Pablo García maniatado por su tempranera amonestación, Luxemburgo decidió dar entrada a Thomas Gravesen. El uruguayo, en su empeño por no verse expulsado, dejaba demasiada libertad a las contras valencianistas. Esta vez, el plan de Luxemburgo se torció, y un sobrerevolucionado Gravesen vio la roja directa tras una fea entrada sobre Vicente. El remedio fue peor que la enfermedad.

Ante un Madrid con 10, el Valencia se dedicó a “matar” el partido. Fruto de la impotencia por el pésimo arbitraje y la derrota, Beckham protestó enérgicamente una falta, y Daudén culminó su festival particular expulsando desmerecidamente al inglés, cuando una simple tarjeta amarilla hubiese sido más que suficiente.

Capítulo aparte merece el hecho de que es frecuente que, cada derrota del Madrid, vaya acompañada de la expulsión de uno o varios jugadores blancos. Ayer fueron Gravesen y David Beckham. El día del Espanyol, fueron Sergio Ramos y Baptista los que se fueron al vestuario antes de tiempo. Cualquier explicación de esta circunstancia apoyándose en la frustración y la impotencia de los jugadores es insuficiente.

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