Real Sociedad y Deportivo de La Coruña: caminos contrapuestos

real.jpgEn la tercera jornada de Liga, la Real Sociedad de Amorrortu encajaba una bochornosa goleada en Son Moix, frente a un envalentonado Mallorca, que endosó cinco goles a los donostiarras (y que después de aquel partido, sólo ha conseguido anotar dos goles más). El equipo txuri-urdin parecía una balsa a la deriva. La defensa no terminaba de asentarse (9 goles encajados en las tres primeras jornadas), y el ataque se mostraba romo una y otra vez.

El Deportivo de La Coruña, en contra, se encaramaba a las primeras posiciones de la tabla por aquel entonces (dos victorias seguidas en su arranque liguero). Su juego no enamoraba, pero los resultados llegaban, y la parroquia de Riazor se mostraba satisfecha y esperanzada.

Pero ayer, en Anoeta, se confirmó la racha ascendente de unos y descendente de otros, con la clara victoria de la Real por dos goles a cero frente a los hombres de Joaquín Caparrós. La Real ya es séptima en la clasificación y se aleja de los puestos de descenso, mientras que el Dépor deambula en zona de nadie, y encandena una racha de seis partidos sin vencer.

La Real, que necesitaba expiar sus pecados coperos tras caer eliminada ante el Zamora, supo reaccionar ante su afición y continuó levantando los muros infranqueables que Amorrortu quiere instalar en su feudo de Anoeta (donde ha cosechado 10 de 12 puntos posibles).

Kovacevic y Nihat han recuperado el nivel de hace dos temporadas, y ésa es la mejor noticia para los guipuzcoanos. El serbio golea, y el turco rompe defensas con su velocidad y su verticalidad. Si a eso le unimos el estado de gracia de jugadores como Álvaro Novo o Mikel Alonso, la Real se convierte en un equipo serio y capaz de derrotar a cualquiera, lejos de la imagen ofrecida a principios de temporada.

En cambio, el Deportivo comienza a mostrar las carencias de plantilla que todos presuponíamos antes de comenzar la temporada. El equipo gallego consigue resultados más por empuje y pasión que por buen juego (partidos contra el Atlético o contra el Barça), y siempre generalmente frente a equipos grandes (que se vaya preparando el Madrid el miércoles), para luego cosechar inexplicables derrotas como la sufrida en casa ante Osasuna. Una irregularidad que sorprende aún más sabiendo que el inquilino del banquillo deportivista es Joaquín Caparrós.

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