Guti en el ojo del huracán
Hay pocos futbolistas en la actualidad que despierten polémicas tan encontradas como el mediocampista del Real Madrid José María Gutiérrez Fernández. De Guti se discute prácticamente todo: desde su puesto ideal en el campo hasta su actitud durante los partidos, pasando por sus declaraciones (las del sábado tras el partido contra el Betis no tienen desperdicio), su implicación con el club o incluso su aspecto personal. Después de casi una década en el gran fútbol, quizá haya una sola cosa que ponga de acuerdo a todo el mundo: su exquisita calidad de golpeo con la pierna izquierda.
No está de más realizar un recorrido por la carrera del de Torrejón: debutó en la temporada 95-96, tras haber alcanzado cierta fama en el segundo equipo del Madrid, y en un momento en que Jorge Valdano echó mano de los jóvenes para tirar de un conjunto que se hundía. Las tres siguientes temporadas aparecía esporádicamente en la alineación, y fue normalmente utilizado como mediapunta pasador. En aquella época era abroncado con frecuencia en el Bernabéu como castigo a su indolencia y falta de nervio, opinión compartida también por muchos de sus críticos. Sin embargo, su calidad técnica comenzaba a no pasar desapercibida, y hasta llegó a debutar con la selección absoluta en mayo de 1999, en partido contra Croacia.
Las primeras apariciones regulares de Guti coinciden con la llegada al equipo de Vicente del Bosque en el año 2000. Sin embargo, no acaba de entrar en un esquema que desdeña al mediapunta en beneficio de una mayor seguridad defensiva, lo cual provoca, en particular, su segunda ausencia de una final de la Champions League. Sin embargo, el año siguiente, y tras la venta de Anelka, alcanza el éxito jugando en una posición hasta ese momento desconocida para él: como ariete consigue 18 goles entre Liga y Copa de Europa y se revela como un gran cabeceador. A pesar de ello, no consigue afianzarse en la titularidad y la siguiente temporada es desplazado por Zidane y Morientes, no volviendo hasta la fecha a jugar de delantero. Empieza a hablarse de su venta, pero él insiste en permanecer en el Madrid, dando de vez en cuando exhibiciones como un torneo de verano frente al Milán (5-1) o el espectacular 0-3 en Copa de Europa en el Olímpico de Roma.
La temporada 2002-03 sigue partiendo de la posición de suplente, y en uno de esos partidos deslumbra en un solo tiempo ante la gran Real Sociedad jugando de medio centro. A partir de entonces alternará esa posición con la suya habitual de mediapunta, y su papel como cerebro es vital en el último gran sprint del Madrid previo al título de Liga. Al año siguiente, ya consagrado en ese puesto, forma una imposible pareja de dobles pivotes con Beckham en el centro del campo, pero tras funcionar bien la mayor parte de la temporada, su hundimiento en el tramo final le devuelve a la suplencia, aunque hay voces que claman que la culpa no es suya. Finalmente, los últimos dos años ha alternado épocas de titular con otras en que no lo ha sido, mientras su número de admiradores se ha multiplicado.
¿Y quién es Guti para la gente que tanto goza con su fútbol? Dejemos la semblanza a uno de sus más fervientes defensores, Santi Segurola:
“. Durante su larga trayectoria en el Madrid, Guti ha jugado en tres puestos, con nota siempre. Ha marcado goles, y algunos asombrosos, en las ausencias de Morientes; ha funcionado como un reloj en la media punta cuando ha sido necesario; ha dirigido el equipo con la prestancia de los grandes en el papel de medio centro. No uno de esos pivotes inocuos que tanto abundan en estos tiempos, sino un medio centro de verdad, de los que hacen que ocurran cosas, que los partidos se muevan a su antojo, que el equipo cobre el aspecto de una gran orquesta.”
“Tiene la facilidad y la elegancia de Zidane, la astucia de Raúl y el gol de cualquiera de los delanteros […] No hay jugador […] tan importante como él. Lo normal es comenzar a medirle con un reproche: la discontinuidad y la falta de vocación defensiva como principales acusaciones, cosa que no sucede con las figuras, algunas de las cuales tienen bula. Sin embargo, su inmenso repertorio no merece ninguna consideración.”
Ante estas razones, sus detractores han ido cambiando de argumento: comenzaron criticando sus salidas de tono, como el día de su expulsión frente al Rosenborg. Cuando su comportamiento mejoró, afloraron las acusaciones de indolencia y falta de eficacia defensiva. Más tarde, siendo mediocentro, mejoró las estadísticas de robo de balones de Becks, y actualmente lo que se estila es decir que es un futbolista para salir de revulsivo. Por ejemplo, y de forma sorprendente, las críticas por las últimas dos derrotas del Madrid se han centrado en él, al parecer único culpable, y son coro las voces que piden que vuelva al banquillo. Tras un par de detalles magistrales contra el Betis poco se ha hablado de su pase a Mejía y ríos de tinta se han vertido sobre sus desafortunadas declaraciones, que por cierto contestaban a declaraciones más desafortunadas todavía (especialmente las de Sacchi), o sobre su dedicatoria a Luxemburgo.
Es posible, como siempre, que todos tengan un poco de razón, pero quizá la mejor medida del valor de Guti es precisamente lo que se le exige o lo que se espera de él, más que de ningún otro: el nivel de los mejores jugadores del mundo.
Secciones: Real Madrid, Personajes
« Javier Clemente, nuevo entrenador del Athletic Club | Valverde, al Parma »




