Carlos Bianchi: las palabras del virrey
Carlos Bianchi se siente por encima del bien y del mal, o al menos esa imagen proyecta. Se cree un virrey de verdad. Basta ver la suficiencia y el desprecio con que responde a las preguntas incómodas, sean estúpidas o razonables. Su actitud altiva tiene explicación: en América lo conquistó todo. Pero en Europa, como recordó Maradona, no ha ganado ni un entrenamiento. Salió a la carrera de la Roma y desde el Manzanares, de momento, no se vislumbran grandes cimas. La actual plantilla del Atlético mejora en cualquier capítulo a la del año pasado, pero la mediocridad sigue marcando la pauta. Bianchi parece muy seguro de conseguir engrasarla. Inquietantemente seguro.
Bianchi no concede entrevistas. “A mi edad, no tengo tiempo para la prensa”, se jacta. Olvida que, tras esos periódicos y programas de radio que él desprecia, aguardan los aficionados. Probablemente, es de los que piensan que los periodistas comen caliente gracias a él; y de los que olvidan que él es millonario gracias a la prensa y, especialmente, a aquellos que, en vano, esperan que el entrenador de su equipo, un tipo sin más significación con la causa que el bolsillo, se digne a explicarles algunas cuestiones menores: si tiene remedio la sequía del Manzanares, por qué tal mediocentro y no tal otro, o, simplemente, hacia dónde se dirige este Atleti. Cobra muy caras sus palabras el virrey Bianchi. Demasiado para no haber ganado ni un entrenamiento.
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