El Barça, a todo gas

SamuelEtoo.jpg Tras unos inicios titubeantes marcados por la polémica, se puede afirmar que el gran Barça de la temporada pasada está de vuelta. El equipo de Rijkaard apabulló ayer al Panathinaikos en medio de una avalancha de fútbol ofensivo que probablemente no está ahora mismo al alcance de ningún equipo europeo; en particular, porque los considerados cocos de la actualidad (Chelsea, Juventus, incluso Bayern) basan su eficacia en defensas pétreas secundadas por centros del campo donde prima más el músculo que la técnica. Sólo el Milán, y en menor medida, un Madrid en horas bajas, apuestan tímidamente por un fútbol más abierto, pero más por acumulación de estiletes de gran calidad técnica y descomunal pegada que por idea colectiva de fútbol de ataque. Y esto último es exactamente lo que pudimos ver ayer en el coliseo blaugrana.

Para hacerse una idea del plan del Barcelona anoche, sólo hace falta echar un vistazo a la alineación: sólo tres defensores puros, Puyol, Edmilson y Oleguer, el tercero de los cuales se pasó la noche subiendo la banda derecha, al igual que hizo su compañero Gio en el otro costado; ausencia de pivote defensivo (rareza suprema en el fútbol de la actualidad); dos cerebros, Xavi e Iniesta, con el émbolo Van Bommel arriba y abajo; el gran Ronaldinho a lo suyo partiendo de la banda izquierda, y dos balas llegando de todos lados para acribillar al rival, Eto’o y Messi. Hay que destacar especialmente a estos dos últimos, pues el jugador africano fue autor de un hat-trick que incluyó una vaselina antológica, y el jovencísimo argentino sigue mostrando poco a poco que ya no es una promesa, sino una realidad. Y qué realidad.

Está claro que no es fácil parar a la maquinaria blaugrana funcionando a pleno rendimiento como ayer, y que para hacerlo parece una premisa fundamental presionar sin descanso a Xavi y Ronaldinho, dejar pocos espacios en defensa y sacar el balón desde atrás con limpieza y aseo; exactamente lo contrario de la táctica que puso en práctica ayer el equipo griego, que consistió en adelantar muchísimo la defensa, dejarle el balón al Barcelona en cantidades industriales y fiarlo todo a acciones individuales de sus delanteros Seric y Ezequiel, desafortunados toda la noche. Si a esto unimos la incapacidad del Panathinaikos para sacar el balón de atrás, en una zaga donde sólo Biscan mantuvo el tipo y un horrible Darlas fue el culpable directo de dos de los goles azulgrana, puede entenderse la paliza; que por cierto pudo ser mayor si Galinovic no hubiera sacado varias manos milagrosas en el primer tiempo.

Ante esta coyuntura, el Barcelona dio un recital de juego vertiginoso y eléctrico, tanto a ras de suelo como por alto, con excelente intercambio posicional y mucho punch. Xavi e Iniesta surtían de balones a Messi y Ronaldinho, que uno un puñal y otro un guante de seda, abrían el campo obligando a separarse a los rígidos defensas griegos, abriendo enormes huecos por donde Van Bommel y Eto’o penetraban como toros. Otras veces era el camerunés quien caía a la izquierda dejando a Ronaldinho el centro, su posición natural; así llegó el cuarto gol, por ejemplo. O también a veces Messi se pone la camiseta del Diego, toma el balón y tres segundos después ha avanzado veinte metros dejando atrás cuatro contrarios desmadejados… En fin, una catarata de infinitas variantes ofensivas que evidencian un tono físico, técnico y táctico excelso, incluso ante un rival venido a menos como el de anoche.

Al conjunto culé sólo cabe achacarle una cierta fragilidad defensiva que suele disimular Puyol con su omnipresencia, el individualismo de Ronaldinho en el segundo tiempo (comprensible, por otra parte) y la inseguridad de Víctor Valdés, muy discutido en el Camp Nou. Pero, desde luego, son minucias comparadas con la hermosa tempestad de fútbol que vimos anoche. Como el año pasado, habrá que contrastar la fiabilidad de la propuesta de Rijkaard con los grandes monstruos europeos, pero no creo que haya muchas dudas sobre el hecho de que, hoy por hoy, nadie lo hace tan bonito como el Barcelona cuando juega bien.

Secciones: Barcelona, Liga de Campeones

« Así las gasta Capello | Una de diarios deportivos »

Noticias relacionadas