Otras selecciones también se la juegan… en Europa
Como no sólo de España-Eslovaquia vive el hombre, realicemos un pequeño análisis de los cuatro partidos que, junto con el que más directamente nos concierne, constituyen la repesca a vida o muerte que va a determinar las últimas cinco selecciones en llegar a Alemania. Comencemos con los europeos, y mañana nos concentraremos en los otros dos.
A priori, el choque más igualado de estas eliminatorias es el que empareja a Suiza y Turquía en un escenario histórico: el estadio Wankdorf, donde se disputó en 1954 una de las finales de Copa del Mundo más inolvidables de todos los tiempos. Encontramos a dos selecciones con rumbos opuestos, ya que mientras el fútbol helvético está en alza e incluso el modesto Thun es una de las sensaciones de la Champions League, la selección otomana está en decadencia desde su brillante tercer puesto en Corea 2002. El equipo montañés, dirigido por el meticuloso Kobi Kuhn, se distingue por su orden táctico y competitividad. Las estrellas del equipo son el eficaz mediocentro Vogel, recientemente fichado por el Milán, y el delantero Alexander Frei, estrella de la liga gala y verdugo de Osasuna en copa de la UEFA. En defensa la línea la marca Philippe Senderos, enrolado en el Arsenal, y el medio Cabañas aporta movilidad y brío. En el otro lado, el seleccionador otomano Yanal intenta componer el equipo después de que su antigua columna vertebral, el Galatasaray, abandonara la élite europea. Sus mayor bazas actualmente son el joven delantero Tekke, máximo goleador en la fase de clasificación, y el fenomenal medio Bastürk, clásico de la Bundesliga; junto a ellos, algunos jugadores de prestigio que han vivido mejores momentos, como el arquero Rüstü, Emre o el realista Nihat. En Turquía se confía en la solvencia del equipo fuera de casa (ninguna derrota en la fase de clasificación) y en el apoyo multitudinario que recibirá la selección en la devolución de visita.
La República Checa se ve abocada a jugarse la repesca con la siempre incómoda selección de Noruega. El partido de ida, que se celebrará en un estadio Ullevaal de Oslo (cuyo césped ha sido objeto de críticas por la expedición centroeuropea), representa un combate entre dos modelos diferentes de fútbol: el del equipo nórdico, físico y poco técnico, con mucha pelota elevada y gran importancia del balón parado, el rechace y la segunda jugada, contra el fútbol rápido y vertical que tratan de desplegar los checos, y que deslumbró en Portugal. Preocupa en la selección noruega la ausencia de gol y el descenso en el rendimiento de algunos ilustres veteranos, como el carrilero Riise, el central Riseth (horrible su temporada con el Rosenborg) o los Flo. En la parte positiva, destacan la irrupciones del joven medio defensivo Haelstad y del central Helgeland. Por su lado, el seleccionador checo Bruckner, que sigue al frente del equipo, recupera para la ocasión a Nedved, que ha dicho que vuelve expresamente para la repesca. Lesionados los tanques Koller y Lokvenc, la responsabilidad recaerá de nuevo en Milan Baros, que ha comenzado bien la temporada después de un decepcionante año en el Liverpool. El capitán Poborsky y el lateral Galasek son dudas, en un equipo aún poderoso destacan el guardameta Cech, uno de los porteros más seguros del mundo, el potente milanista Jankulowski en la banda izquierda y el exquisito Rosicky organizando todo el juego de ataque.
Secciones: Selecciones
« “Gonzo” Castro prefiere Alemania a España | Otras selecciones también se la juegan… en el resto del Mundo »




