Zidane es Historia
De entre las múltiples lecturas que se pueden realizar del pasado clásico, una que es imposible pasar por alto es el papel desempeñado en él por el francés Zinedine Zidane. Posiblemente el futbolista más venerado en el Bernabéu (y no sólo allí), quizá el que mayor placer estético ha causado al espectador imparcial en los últimos años, Zizou cuajó una actuación desastrosa, desaparecido en el centro del campo, fuera de forma física, incapaz de dejar uno solo de los detalles que le hicieron famoso, y responsable en gran parte del desaguisado que fue el centro del campo madridista.
La carrera del marsellés en el Real Madrid se ha desarrollado esencialmente en tres etapas: tras un comienzo algo dubitativo y unos meses de adaptación, sus dos primeras temporadas fue saludado (y elegido) por público, afición y entrenadores como el mejor extranjero de la Liga, y no eran pocos los que lo consideraban, no sin razón, el mejor del mundo. En esos años, los controles imposibles, los regates de fantasía, el tiralíneas y el cañón se alternaban con frecuencia en sus botas, ante el asombro y la pleitesía de los más exigentes gourmets del fútbol. Un bienio, en fin, señalado en su ecuador por el zambombazo de Glasgow, historia viva del madridismo y del fútbol mundial.
Tras la llegada de Queiroz, y con el comienzo de las dudas en el club de Concha Espina, comenzó una nueva etapa en el juego de Zizou; seguía asombrando, aunque sus exhibiciones se espaciaban cada vez más y su talento comenzaba a mostrarse con cuentagotas. Fuera de casa, cada vez pasaba más desapercibido, con actuaciones intrascendentes y livianas, como un jugador cualquiera al que sólo salvaban maravillas aisladas como la ruleta de Valladolid o un gran partido en Montjuïc. Se diría que el ángel comenzaba a abandonarle, y empezaban a surgir las primeras voces cuestionándole.
Esas voces se han convertido en multitud esta temporada, proclamando abiertamente que la titularidad del galo en detrimento de Guti no es más que una imposición de la política de márketing de la directiva blanca. Los partidos que su maltratado cuerpo le ha permitido disputar esta temporada han sido un lastre para el equipo, sin ningún tipo de contribución destacable, y su declive físico parece haberse llevado por delante también su visión de juego y su antaño infinita capacidad técnica. Nada tiene que ver el fantasma renqueante que vimos el sábado con el jugador sublime que tantas tardes inolvidables ha dado a los hinchas de todo el mundo, y él debería ser el primero en darse cuenta antes de seguir emborronando un recuerdo glorioso.
Mal que nos pese a los amantes de este deporte, Zinedine Zidane es Historia. Así, con mayúsculas; un futbolista irrepetible, pero cuyo lugar está en los libros, en las videotecas y en la memoria de todos los que alguna vez amamos sus maravillas. Desgraciadamente, ya no en el césped.
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