La Real Sociedad, en caída libre
Nubes negras se ciernen sobre Anoeta, en un año que no está siendo nada propicio para el fútbol vasco. La Real está inmersa en una grave crisis de juego y resultados, que le ha llevado a sumar solamente dos puntos de los últimos doce posibles. Aunque el buen comienzo de Liga mantiene a los donostiarras en la zona media de la tabla, a seis puntos de la zona de descenso, la realidad es que la imagen que ha dado el equipo el último mes ha sido desoladora. Bien es cierto que en este tiempo se ha enfrentado a los cuatro primeros de la clasificación, pero no es de recibo que el 5-0 del Camp Nou se antojara corto después de ver el partido, que el Racing más romo de los últimos años le levante un 2-0 en cuestión de media hora, o que un Villarreal resacoso de Champions le dé un baño tras empezar perdiendo.
Desde un punto de vista exclusivamente futbolístico, está muy claro que la Real Sociedad tiene un grave problema defensivo. Empezando por el guardameta Riesgo, portero bueno en el uno contra uno pero muy irregular y con cierta tendencia a cometer errores absurdos de valor gol, siguiendo por una defensa con dos laterales bisoños, Garrido y Cifu, y una pareja de centrales que están haciendo recordar los peores momentos del inefable dúo Kvarme-Luiz Alberto, y terminando con un centro del campo donde los interiores juegan muy abiertos, Mikel Alonso no tiene el vuelo de su hermano Xabi, y encima el único jugador con quite y poderío, Aranburu, se perderá el resto de la temporada por una entrada de Oriol que le pulverizó la rodilla. Si a estos problemas de plantilla le unimos que Amorrortu predica un juego de toque y posesión que los jugadores hoy por hoy no están en condiciones de practicar, los errores de concentración en las jugadas a balón parado y una extrema fragilidad mental, obtendremos la explicación de por qué, por ejemplo, este es el conjunto más goleado de Primera, con 31 goles en 15 partidos (los siguientes, Mallorca y Alavés, han encajado 23 cada uno), o por qué fue eliminado en Copa del Rey por un Segunda B, el Zamora. El equipo sobrevive en la actualidad gracias al oficio de sus interiores, especialmente Xabi Prieto, y a los goles del turco Nihat.
Pero si preocupante es el presente, amenazador se presenta el futuro. Así, el ariete Kovacevic, sobre el que gravitaba el juego ofensivo del equipo, se perderá el resto de la temporada por una lesión de rodilla. Hay en la plantilla varios jóvenes como Barkero o Gabilondo que se están ganando a pulso el remoquete de “eterna promesa”. Y lo más grave, el club vive un terremoto institucional, con el presidente Fuentes advirtiendo de una posible desaparición si el día 30 no se vota a favor de la ampliación de capital (propuesta cuya denegación, en su momento, tumbó a Astiazarán) y los socios en pie de guerra ante una probable subida del 30% en las cuotas. Así las cosas, la fiel afición donostiarra ha depositado sus esperanzas en el joven punta del filial Aguirreche, en algún acierto en los refuerzos de invierno –ya está fichado el atacante esloveno Stevanovic- o en la bondad del calendario que se avecina (con rivales asequibles a priori como Cádiz, Celta o Español) para confiar en que el equipo remonte el vuelo.
Qué lejanos parecen los tiempos en que la Real se quedó a dos goles de volver a ser campeón de Liga. Sin embargo, y a pesar de que del once tipo de Denoueix sólo quedaban Nihat y Jauregi en la alineación que se enfrentó el sábado al Villarreal, sólo hace poco más de dos años que aquello ocurrió.
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