Un post de despachos

Aunque a todos nos gusta hablar más de lo que sucede en el campo, es imposible abstraerse de lo que ocurre más allá del césped. No podemos separar el fútbol de su contexto. Hoy en “El País” se acumulan las noticias menos deportivas, además de la ya conocida demanda de Luxemburgo.

Astiazarán hace caja, y de la buena. Se asegura 1.580.000 euros en cuatro años, cumpla o no su mandato. Sabiamos que el puesto era interesante, pero no tanto. Su antecesor cobraba 100.000 euros más incentivos. Mucho dinero para una organización que todavía no sabemos a lo que se dedica. La LFP como organización no tiene ninguna relevancia. Nunca podrá ser una NBA, o una Premiership, mientras Madrid y Barça concentren tanto poder. ¿Alguién conoce los méritos de Astiazarán? (no cuenta dejar a la Real al borde de la quiebra)

Un fondo de inversión español invertirá en jugadores de fútbol. Veo las pantallas de la bolsa poniendo los partidos al lado de las cotizaciones, brokers en las gradas gritando a los jugadores lo de “Menos dinero y más…”. Más intereses creados detrás de cada fichaje, más presiones externas al fútbol, más dinero en juego,… Para jugar a ojeadores está la Liga Fantástica, el resto es matar al fútbol suavemente.

Los jugadores se quejan del sistema de fichajes. Concretamente de los derechos de formación. Una política que intenta proteger a los clubes pequeños y sus canteras de los compradores a golpe de talonario. Claramente es algo que no pasa en el resto de trabajos, donde una multinacional siempre puede ofrecer mejores condiciones a un empleado de una empresa familiar. ¿debe regirse el fútbol por las mismas leyes que cualquier otro trabajo? La sentencia Bosman, de la que se celebran 10 años, iba en ese sentido, el fútbol es un trabajo más, pero ¿lo es o lo debería ser?. La FIFA acumula demandas y problemas.

Y por último la Comunidad de Cantabria que intenta colocar su participación en el Racing en manos privadas.Un paquete de acciones que no debió comprar nunca. Estoy totalemente en contra con que se obligue a los contribuyentes a participar en clubes deportivos, ya sea con subvenciones, tratos de favor o con compras de acciones. Por lo general los clubes están mal gestionados, pagan sueldos que los contribuyentes de a pie no tienen y este tipo de ayudas solo fomentan la rapiña.

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