Betis-Alavés, combate en las profundidades
Esta noche se enfrentan en el Manuel Ruiz de Lopera los dos conjuntos que, a sólo tres jornadas del final de la primera vuelta, cierran la clasificación de Primera División. Real Betis y Deportivo Alavés han llegado a esta situación crítica desde presupuestos muy diferentes, pero sobre ambos pende de manera inmisericorde la espada de Damocles del descenso. El cuadro se hace más preocupante para ambos por la mejoría de Mallorca y Athletic de Bilbao, así como por la constatación de que ahora mismo el Cádiz, tercero en discordia, ocupa una posición que está visiblemente por debajo del fútbol que practica.
El cuadro de Heliópolis llegó a la presente temporada después de haber firmado un ejercicio histórico: consiguieron la Copa del Rey en la emotiva final del Calderón, la clasificación por primera vez en su historia para la Champions League y, lo que es quizá más importante para su afición, amargar de este modo el Centenario de su eterno rival. Sin embargo, desde Septiembre la situación ha cambiado diametralmente. El equipo, incapaz de aguantar el ritmo de tres competiciones, ha sido eliminado en primera ronda de la Copa de Europa, que además se ha cobrado un terrible tributo con las gravísimas lesiones de Miguel Ángel y, sobre todo, Oliveira, estrella del equipo el pasado año. La enfermería verdiblanca también ha alojado durante un tiempo más o menos largo a otros jugadores como Edú, Joaquín, Doblas o Luis Fernández, y el rendimiento del equipo se ha resentido. Si a esto unimos factores como la plantilla demasiado corta, la escasez de refuerzos (la canción Lopera baja al campo y mete un gol se está convirtiendo en un clásico) o la necesidad de jugar tres partidos por semana, se entiende que el Betis lleve, por ejemplo, nueve partidos sin ganar, que aún no conozca la victoria a domicilio, o que sus escasos diez tantos le sitúen como el equipo menos realizador de Primera.
En el Deportivo Alavés, en cambio, los problemas son de índole diferente. La vida de la entidad gira alrededor de la polémica personalidad del ucraniano Dimitri Piterman, dueño del club, que consiguió el retorno del equipo vitoriano a Primera División, pero que con una actitud omnímoda y megalómana ha provocado una gravísima fractura en la afición alavesista. El ambiente en Mendizorroza es irrespirable, y el equipo juega mucho más tranquilo a domicilio que en casa, donde tras ocho partidos aún no conoce la victoria. El presidente, que tras un mes escaso destituyó al entrenador para colocar nominalmente en el puesto a su hombre de paja Chuchi Cos, está enfrentado a los periodistas, las instituciones vitorianas, los rivales (denuncia partido tras partido al Barça por la alineación indebida de Messi) e incluso una parte importante de sus aficionados, que se están agrupando en plataformas para, al menos, poder dialogar con él y exponerle su preocupación. Mientras tanto, el equipo está desorientado, héroes del ascenso como De Lucas o Bodipo no se acercan a su rendimiento del pasado año, y están decepcionando algunos refuerzos, como el internacional John Aloisi (un solo gol en lo que va de temporada). Apenas los goles de Nené y la eficacia de gente como Sarriegui o Astudillo mantienen a flote a un club que ha entrado en una dinámica muy peligrosa.
Hoy más que nunca pues, se puede decir que el enfrentamiento es a vida o muerte.
Secciones: La Liga, Betis, Alavés
« Mark Iuliano no vino a jubilarse | Notas del Real Madrid-Racing de Santander »




