Notas del Real Madrid-Racing de Santander

RonaldoHundido.jpg El Madrid, a once puntos del Barcelona. La clasificación no miente, y ahora mismo ésta parece la distancia que separa a ambos equipos, tanto a nivel deportivo como institucional. Aunque el conjunto blanco está en barrena y ya suena el nombre de Antic para sustituir a López Caro, parece razonable darle al técnico andaluz un margen de algunos partidos para ver si es capaz de imponer sus ideas. Paradójicamente, a pesar de la derrota y los pitos tras el 0-2, el Bernabéu no se mostró ayer tan beligerante como los días del Olympique o del Getafe; el motivo probablemente se encuentre en el arreón del segundo tiempo, donde a falta de fútbol, el Madrid exhibió una casta que gusta mucho en la Castellana. De todos modos, el equipo blanco tiene varios problemas de extrema gravedad: la defensa está envejecida y blanda, a falta de Guti no hay nadie capaz de llevar el timón en el centro del campo, no tiene hombres de banda izquierda, varios jugadores están por debajo del mínimo exigible y, por si fuera poco, el coliseo blanco está de uñas (lo cual no parece demasiado justo) con uno de sus máximos activos, Ronaldo. El brasileño vio puerta después mucho tiempo, firmó un partido que en otras circunstancias se habría calificado de aceptable, y aun lejos de su mejor forma dejó claro que es una de las pocas balas de plata que posee en la actualidad el Madrid. No está de más recordar que sigue siendo el máximo goleador del equipo (tras un mes y medio inactivo) y que en el momento de su lesión los merengues eran líderes.

Unos están pasados… Todo el mundo sabe que la columna vertebral del Madrid está mayor, y este fue un hecho que ayer volvió a constatarse en el Bernabéu. Iván Helguera completó un tiempo de lo peor que se le ha visto en el equipo blanco (fue sustituido en el descanso) con errores de bulto de concentración y marca, muy lejos del futbolista que fue decisivo en la Octava. Roberto Carlos fue un coladero en el primer tiempo, aunque justo es reconocer que de sus botas salieron algunas de las mejores oportunidades del equipo blanco en la reanudación. David Beckham, que últimamente anda peleado con el mundo, no existió en la banda derecha más que para echar al público encima de sus compañeros; el cambio por Balboa hubiera sido natural si la amenaza no pendiese sobre cualquiera que se atreva a sustituir al inglés. En el segundo tiempo intentó reivindicarse como medio centro, pero su despliegue resultó más populista que efectivo. Y Zidane, al menos, trató de mover al equipo mientras le duró el fuelle –no se le puede negar el compromiso al galo- pero ya no luce su claridad ni su técnica como antes, y fue incapaz de dar el pase interior que necesitaban los delanteros.

…y otros no llegan. Hay varios jugadores que fueron titulares ayer que dejan serias dudas sobre su capacidad para jugar en el Madrid. El caso más preocupante es el del cacique Pablo García, que tras comenzar con unos partidos buenos y estar llamado a ser el medio centro defensivo del equipo se ha desplomado en las últimas semanas. Ayer fracasó en el primer tiempo, superado una y otra vez por los escurridizos delanteros del Racing, y exhibiendo una lentitud exasperante: entre él y Helguera regalaron el segundo gol. De Diogo sabíamos que es un futbolista con un físico imponente, y hemos aprendido que no posee prácticamente nada más. Y Pavón, que siempre ha generado dudas sobre su eficacia, se convierte sin confianza en un peligro.

Un Racing muy efectivo. El equipo santanderino, que llegaba a Chamartín con varias bajas de fuste (Aganzo, Casquero, Dalmat, Vitolo y Pinillos) en una de las alineaciones, nombre por nombre, más limitadas de Primera, se presentó en el césped con el aplomo de los equipos que saben a lo que juegan. Sostenido por Moratón, Regragui y Matabuena – ayer mediocentro circunstancial- el conjunto cántabro practicó en el primer tiempo el juego que mejor maneja: solvencia defensiva, rápidas transiciones, despliegue y contragolpe. Los jóvenes Melo y Antonio Tomás parecieron veteranos en la zona ancha, Ayoze se mostró incansable en la banda izquierda (clavando, además, un golazo de museo) y los livianos Antoñito y Serrano fueron una pesadilla para los centrales del Madrid. Cuando arreció la tormenta blanca en la segunda parte, el Racing plegó velas, defendió casi en su área con escasos errores, y utilizó todas las artimañas posibles, a la italiana, para entrecortar el ritmo del Madrid. Magnífico el trabajo de Manolo Preciado, técnico que ha sido injustamente tratado con frecuencia, quizá por su carácter bronco y directo.

Varios brasileños, en el disparadero. López Caro demostró ayer que, si las cosas vienen mal dadas, va a preferir jugársela con la cantera antes que con la pléyade de brasileños que ha heredado de Luxemburgo. Ayer dejó en el banquillo a Baptista y retiró en el descanso a Robinho, que da toda la impresión de hallarse hundido, y el cual puede firmar un periplo muy breve en el Bernabéu si no da un giro radical a su rendimiento en la segunda vuelta. Los jóvenes de la casa, en cambio, dejaron una esperanzadora impresión en la segunda mitad: Balboa desbordó con frecuencia a Ayoze en la derecha, y Soldado fue un peligro constante como ariete, quedándose muy cerca del tanto en un par de ocasiones. A día de hoy y con Raúl en el dique seco, el killer del Castilla parece una buena opción como acompañante de Ronaldo, y uno de los escasos motivos de optimismo para una segunda vuelta que se presenta como una travesía del desierto para el Madrid.

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