Pep Guardiola se une a Juanma Lillo
A punto de cumplir los 35 años, Pep Guardiola se enrola en la que puede ser su última aventura futbolística. Será en México. Como se rumoreaba desde hace algunas semanas, el ex capitán del Barça jugará a las órdenes de su amigo Juanma Lillo en los Dorados de Sinaloa (o Dorados de Culiacán).
Al César lo que es del César. Lillo, que se hizo cargo de un equipo hundido (cuatro puntos en seis jornadas), ha conseguido situar a los Dorados por encima de la zona de descenso al término del Torneo Apertura. Su estadística en México es ligeramente superior a sus registros en España: 14 puntos en 11 partidos (cuatro victorias, dos empates y cinco derrotas). Por ello, espera que el equipo no sólo se salve, sino que “sea protagonista en el Clausura”, especialmente tras la contratación de Guardiola. Según el director técnico del club, César Manuel Ochoa, “será parecido a cuando vino Butragueño al Celaya; Guardiola es jugador de mucha presencia, un líder y le vamos a dar un trato acorde a lo que merece”.
Por crudo que suene, la carrera de Pep Guardiola naufragó al abandonar el Camp Nou en el verano de 2001. Entonces, el futbolista manifestó su deseo de recalar en un club que disputara competiciones europeas, pero ningún equipo puntero mostró demasiado interés. Agotó los plazos sin éxito y tuvo que conformarse con el modesto Brescia (el fichaje se anunció un 26 de septiembre). Debutó en el Calcio octubre y, apenas un mes después, dio positivo por nandrolona en un partido contra el Piacenza. Le cayeron cuatro meses de suspensión y, más adelante, siete meses de cárcel.
Pese a todo, a final de temporada parecía que el fútbol volvía a acordarse de él. Fichó por la Roma, aunque no fue más que un espejismo. Ignorado por Fabio Capello, regresó a Brescia en invierno. De allí pasó al Al Alhy qatarí, donde ha disputado las dos últimas temporadas.
Por tanto, parece que esta aventura mexicana servirá para que uno de los mejores jugadores españoles de los 90 entone su canto del cisne. Guardiola estuvo cerca de colgar las botas en verano de 2003. Así lo habría hecho si Lluis Bassat hubiese ganado las elecciones a la presidencia del Barça. Guardiola habría sido su director deportivo y, curiosamente, Lillo su entrenador. Seguro que ninguno de ellos sospechaba siquiera entonces dónde estaba el estado de Sinaloa, ni dónde la ciudad de Culiacán.
Secciones: Otras ligas, Fichajes, Personajes




