Carlos Bianchi, blindado y cuestionado
Carlos Bianchi está cada día más cuestionado, y no sólo por esos periodistas resentidos a los que no concede entrevistas. Ayer el Calderón lo dijo alto y claro al corear con insistencia “Bianchi, vete ya” al final del partido. Para pronunciarse, la afición no esperó a sufrir una nueva derrota ni a empatar ante un equipo mediocre. Es más, estalló en un partido (0-0 ante el Valencia) al que el Atlético se presentaba aún convaleciente de la intoxicación alimenticia que obligó a retrasar su eliminatoria de Copa. Las circunstancias invitaban a ser benevolentes, pero no. La grada se ha hartado de excusas. A una jornada del final de la primera vuelta, el Atlético ha ganado cuatro partidos, ha marcado 18 goles (tantos como Etoo) y nadie sabe muy bien a qué juega.
Bianchi, aunque no es el estratega obsesivo que se presumía, no es el único responsable. Muchos jugadores están lejos de su mejor versión pero, como reza el tópico, es más fácil echar a uno que a veinte. Sólo el contrato blindado del técnico argentino discute esta máxima. Su continuidad es cuestión de liquidez, no de fe. En tiempos de Gil padre no se hubiera comido el turrón. Si se apellidara Manzano o Ferrando, tampoco. El único Atlético al que recuerda el actual es el de la temporada 1999-2000, la del descenso.
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