Preocupante acuerdo Berlusconi-Juventus
Entre la vorágine informativa donde se junta la resaca del pasado fin de semana con la jornada de Copa que está a punto de iniciarse se ha colado una noticia de carácter cuando menos inquietante: la Juventus de Turín ha decidido de forma unilateral ceder los derechos de los partidos que jugará en su estadio las próximas dos temporadas al grupo audiovisual Mediaset, que preside el ínclito Silvio Berlusconi. El precio pagado es exorbitante, ya que ronda los 248 millones de euros. La cadena Sky, que gestiona los derechos de la mayor parte de los clubes del Calcio, ya ha dejado caer que la pérdida de uno de sus principales activos supondrá una rebaja de la oferta que se le hará la próxima temporada a los clubes pequeños. La situación, de hecho, puede empeorar, pues la cadena del Cavaliere ya negocia con los otros dos grandes de Italia, Milán e Inter.
La información es preocupante por varios motivos. En primer lugar, aunque en el fútbol como en la vida el dinero no da siempre la felicidad, sí que está claro que facilita mucho el camino hacia ella. Dicho de otro modo, ahí tenemos al Chelsea, que a base de talonario y una gestión muy decente es campeón de la Liga inglesa cuando aún queda medio torneo por disputarse. Media competición, pues, para dilucidar objetivos menores, y en los que la competición ha perdido gran parte de su interés. El descenso en la competitividad (uno de los grandes atractivos del fútbol como espectáculo) es, pues, el primero de los problemas que plantean estos grandes contratos.
En segundo lugar, que tanto dinero se concentre en unos pocos clubes repercutirá, cmo ya ocurrió hace unos años, en una descomunal y desproporcionada inflación en el precio de los fichajes. Este fenómeno suele causar indignación a pie de calle, agarrotamiento en el futbolista por el cual se ha pagado un precio que él sabe excesivo (a pesar de las leyes de mercado), ansiedad en directivos y aficionados que esperan ver retribuido inmediatamente su pornográfico desembolso, y aún mayor distancia entre el club grande y el pequeño de la que marcaba inicialmente la diferencia entre capacidades adquisitivas.
Ante una situación así, los equipos que no se hallen en la élite económica sólo tendrán tres posibilidades, y todas son de consecuencias funestas a corto o medio plazo: o bien deciden intentar combatir de igual a igual al poderoso, lo que conlleva más tarde o más temprano el endeudamiento y la crisis financiera (y de esto ya hemos tenido más de dos muestras recientemente); o bien quedarse como están, perdiendo de este modo sus legítimas aspiraciones deportivas; o quizá unirse para realizar medidas radicales de presión, tales como bloquear las competiciones.
Los mercantilistas alegarán que son los grandes los que dan dinero. Eso es cierto, pero sólo en parte: sin los pequeños no habría competición, y uno de los grandes alicientes del fútbol, uno de los motivos de sus audiencias desaforadas, es contempla una vez más la lucha de David contra Goliat; porque quizá en ningún deporte es tan fácil esconder la inferioridad técnica con un buen planteamiento táctico. Por eso, y por los motivos funestos descritos arriba, es deseable una solución negociada a este tipo de conflictos –como se está pretendiendo en Italia estos días- y por eso la palabra “unilateral” es lo más sombrío del contrato firmado por el club bianconero. Esperemos que tengan suficiente visión de futuro y grandeza de miras para dar marcha atrás.
Secciones: Fútbol mediático, Calcio
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