El Madrid muestra síntomas de mejoría

Soldaddo.jpg Ayer, por primera vez después de mucho tiempo, el público del Bernabéu dispensó a su equipo una cariñosa ovación cuando concluyó su choque. El 4-0 hay que contextualizarlo, en una noche tranquila, con la ventaja de la ida y ante una de las versiones más paupérrimas del Athletic que jamás haya pasado por el campo de Chamartín. Pero más allá del resultado, ayer se vieron algunos detalles que, si tienen continuidad, pueden inyectar algo de optimismo alrededor de un Madrid que, de todos modos, no está para tirar cohetes.

Por fin, un esquema racional. López Caro dispuso una defensa estándar de cuatro, una pareja razonable de medios centros, dos extremos, un segundo punta y un ariete. La novedad es que en este Madrid donde mucha gente lleva demasiado tiempo jugando fuera de su puesto (por capricho, apetencia o necesidad) ayer prácticamente todos los futbolistas salieron de entrada en el puesto que a priori se les supone: Beckham de interior derecho, Ramos de central, Baptista de segundo delantero… Las únicas dos excepciones en este sentido, Gravesen y Robinho, se desenvolvieron donde en cualquier caso han desempeñado casi toda su labor desde que están en el equipo blanco.

Los jóvenes cariocas dejan buena impresión. Desde hace algunos partidos, Robinho está empezando a dar ciertos síntomas de recuperación. Desacertado en gran parte de la primera vuelta, últimamente están empezando a salirle regates, desborda a sus pares con alguna frecuencia y se descuelga con peligro en el balcón del área. Ayer logró dos goles, el primero de ellos eléctrico, y rompió con frecuencia a Unai Expósito, especialmente en la primera parte. En la otra banda, debutó en casa el flamante fichaje Cicinho, que dejó impresión de ofensividad, empuje y buen golpeo con la pierna derecha. Como siempre en los laterales brasileños, a quienes el poderío atacante se les supone, habrá que estar atentos a sus prestaciones defensivas, especialmente ante rivales de mayor fuste.

Un Santillana en ciernes (si le dejan). El canterano Roberto Soldado está demostrando que si alguien tiene un suplente en el Madrid, ese es Ronaldo. Este ariete a la vieja usanza, infiltrado entre el maremágnum de medias puntas, posee muchas de las cualidades que se le deben pedir a un delantero centro: capacidad de abrir huecos, brega con los defensas, poderío rematador y, sobre todo, mucho gol. Ayer clavó su gol de un fantástico testarazo, mandó otro desviado por poco, dejó pasar el balón magistralmente (aunque quizá de forma inintencionada) en el cuarto gol y se mostró como una pesadilla para los centrales del Athletic. Un futbolista muy interesante para un ataque lleno de estilistas faltos de contundencia.

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