El escándalo del Olympique de Marsella

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Muchos aficionados al fútbol recordarán aquel gol del rocoso central Basile Boli, cabeceando un córner botado desde el lado derecho del ataque por Abedi Pelé y sorprendiendo a toda la magnífica defensa milanista. Era la final de la Copa de Europa de 1993, y el defensa francés rompía todos los pronósticos con aquel remate a la red. El todopoderoso Milan caía derrotado frente el emergente Olympique de Marsella de los Deschamps, Rudi Völler, Barthez, Desailly o Franck Sauzée.

Aquella victoria marsellesa cayó simpática entre los aficionados. Era la clásica y repetida historia del pobre ganando al rico y poderoso. La víctima sacudiéndose a su verdugo de encima, y logrando la redención en forma de victoria. Aquella noche de mayo, todos fuimos un poco marselleses.

Pocos meses después, llegó el primer desengaño. La llegada de Bernard Tapie, conocido personaje de la vida política y empresarial francesa, a la presidencia del club supuso uno de las épocas más lúgubres, pese a los éxitos deportivos, en la historia del OM. Tras proclamarse Campeón de Europa, y conquistar el título de Liga en la temporada 1992/1993, los escándalos de sobornos, amaño de partidos y corrupción promovidos por Tapie dieron con los huesos marselleses en Segunda División, llegando a salpicar incluso la honradez de varios jugadores. Pero no fue éste el episodio más funesto del equipo, como hemos sabido estos días.

Jean-Jacques Eydelie, interior derecho del Olympique en aquella recordada final de Múnich ha convusionado el mundo del fútbol con sus recientes declaraciones. Eydelie afirma en declaraciones a L’Equipe que todos los jugadores del OM, a excepción del alemán Völler, se doparon antes de disputar aquel partido frente al Milan. Casi 13 años después del mayor éxito del fútbol galo a nivel de clubes, ha tenido que ser un jugador del propio equipo el que destape algo que ya se sospechaba y se intuía, pero que no había sido probado ni reconocido por nadie.

Yendo aún más lejos, Eydelie sostiene en la entrevista concedida a L’Equipe que el inyectarse sustancias estimulantes antes de saltar al campo era una práctica relativamente frecuente en sus años como futbolista, y que él lo vio hacer en todos los equipos en los que jugó a lo largo de su carrera a excepción del Bastia. También reconoce que la única vez que él utilizó algún suplemento ilegal fue en la final de la Copa de Europa frente al Milan.

A estas alturas, a nadie pilla por sorpresa que un nuevo escándalo salpique el entorno de Bernard Tapie. Alguien que no ha mostrado ningún reparo en arreglar resultados de partidos, involucrando a varios de sus futbolistas, tampoco tendría problemas en “recomendar” a sus jugadores el consumo de sustancias estimulantes, máxime en una época en la que los controles antidopaje no tenían ni la rigurosidad ni la fiabilidad que tienen hoy en día. En cualquier caso, sí que puede resultar sorprendente en la medida en que, como apunta Jean Fernandez, actual técnico del OM, “un equipo que contaba con siete u ocho internacionales en sus filas, no debería de tener ninguna necesidad de acudir a sustancias dopantes para lograr victorias y éxitos deportivos“.

Muy probablemente las acusaciones vertidas por Eydelie tengan gran parte de verdad. Como he dicho, a nadie le sorprendería algo así en un equipo rodeado de continua polémica. No obstante, no debemos olvidar las circunstancias personales del ex-futbolista de OM y Bastia. De aquel magnífico equipo, quizá el jugador menos sobresaliente, o que menos éxitos cosechó tras aquella victoria, fuera el propio Eydelie. Salpicado gravemente por los amaños de partidos orquestados por Tapie, en sus últimos años como futbolista pasó más tiempo en los tribunales que en los terrenos de juego. Ahora, más de una década después, y tal vez acuciado por dificultades económicas, Eydelie salta a la palestra, y anuncia la publicación de un libro para el próximo mes de Marzo, en el que contará cada detalle de su historia en el OM.

A todo esto, Adriano Galliani, vicepresidente del MIlan, ha instado a la UEFA a que inicie una investigación sobre el asunto. De prosperar, sería la séptima Copa de Europa para los rossoneri. La Copa de Europa más fea de sus vitrinas.

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