Gran Getafe, impresionante Pernía

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Llevaba mucho tiempo Getafe sin una tarde de fiesta. Tantas alegrías ha vivido el Coliseum Alfonso Pérez en tan poco tiempo que los dos últimos partidos, una victoria mínima ante el Sevilla y un empate ante el Celta, sabían a poco. Ayer, en cambio, la grada tuvo motivos de sobra para hacer de nuevo la ola. Su equipo se impuso al Espanyol (5-0) en una tarde memorable en la que exhibió todos sus puntos fuertes, los colectivos y los individuales. Justo al contrario que el Espanyol, cuyos jugadores estuvieron irreconocibles.

Dani Güiza se reencontró y firmó un partido soberbio. Marcó dos goles de cabeza, sirvió otros dos y aún pudo llevarse un balón firmado a casa. La primera asistencia del arquero la remató, en acrobacia , como si de un ariete se tratara, el lateral izquierdo. Pernía, el otro gran nombre propio del partido. Era el 2-0, pero lo mejor estaba por llegar. Su segundo tanto, que hacía el cuarto del partido, fue sencillamente asombroso. Se supone que una falta a 35 metros de la portería sólo puede acabar en gol por la inutilidad del portero o por accidente; si el balón tropieza en la barrera, por ejemplo. Pero Pernía, que tiene un cañón en la pierna izquierda, demostró que no. Lo hizo con misil insuperable en potencia y colocación que fue ganando altura hasta entrar por la escuadra. Sin duda, uno de los goles de la Liga.

En el Getafe todo fueron luces. Nadie se acordó de la inseguridad crónica de la portería (ahora con Calatayud, antes con Luis) ni de la nula participación de Celestini en la construcción de juego. La defensa tuvo una tarde plácida, con los laterales más preocupados del área rival que de la propia. Y eso que el Espanyol, a priori, salía con tres delanteros y un mediapunta, Iván de la Peña, encargado de encontrarse con ellos. Nunca sucedió. De la Peña, cuya clase es indiscutible, deambuló por muchos sitios, pero no estuvo en ninguno. No rascó bola. Al recién llegado Pandiani se le vio perdido, y también a Tamudo, incapaz de asociarse con nadie en un solo ataque. Luis García se incrustó en la derecha, donde su mayor cualidad, el gol, se diluye sin remedio.

Los de Schster salieron volcados y a los tres minutos ya iban por delante. Tras el gol inicial se durmieron durante diez minutos, pero ni aún así pasó Calatayud un solo apuro. Incluso se permitieron fallar dos ocasiones, una de Redondo y otra clamorosa de Riki, solo ante Iraizoz. Al final, completó la manita Gavilán a pase de Güiza. La zona de descenso queda a 11 puntos. Europa, sólo a cinco.

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