Fernando Torres, jugador franquicia

torres_atl.jpgEn la NBA es común. Un equipo que lleva años en el pozo de todas las clasificaciones. Consigue una buena elección de Draft y ficha a un joven prometedor: un prodigio de instituto, una estrella universitaria o quizás un desconocido “lechoso” europeo. El equipo perdedor lo sigue siendo, pero algo cambia, se las pasan al nuevo, y el nuevo se la juega y las suele meter. La presión en ese equipo es mínima, y más cuando a mitad de temporada, cualquier posibilidad de clasificación para play-offs es una quimera. El tipo va creciendo, la gente se ilusiona con el nuevo, al menos tienen un motivo para ver a los suyos y no al equipo de moda ese año.

El General Manager, un tío serio y profesional, sabe que llegó el momento de la reconstrucción. Ante él dos posibilidades, y las dos con la nueva figura emergente. Se desconoce su verdadero techo y su potencial, hay que arriesgar. Es el nuevo ídolo, la ilusión de la afición, se han encariñado con lo único que funciona en una plantilla sin rumbo. ¿vender o aguantar? Vender para traer gente contrastada, aguantar y construir en torno a un pilar maestro. Todo a partir de las expectativas creadas en un sólo jugador, un jugador-franquicia, como Bryant, Lebron James, Nowitzki o Gasol.

El Atlético aguantó, Torres fue elegido jugador franquicia por aclamación. ¿Por qué? El Atlético llevaba años, muchos, sin sacar algo de la cantera de primer nivel. Quizás su calidad destacaba demasiado en un equipo a la deriva en Segunda. O puede que el problema estuviese en el vecino, que si tenía un verdadero jugador franquicia, y que además fue Atlético en sus inicios. Supongo que todo junto y mucho más llevo a una decisión errónea. Nada ha crecido alrededor de Torres, porque quizás no era un pilar, sino un buen complemento, sin nada que completar.

Encontrar un jugador franquicia en fútbol, es infinitamente más dificil que en baloncesto. Los responsables atléticos (a años luz de la profesionalidad de un General Manager) se dejaron llevar. Decidieron construir y arropar al talento emergente. Pero la manta atlética era muy pequeña. Cuando querían arropar la cabeza dejaban descubiertos los pies, cuando cubrieron los pies (Pablo y Perea), dejaron la cabeza descubierta. Y este año Bianchi, armado de tijera, partió la manta en dos.

Matallanas percibió el primero el cambio de actitud de la directiva, a través de sus voceros, y por si mismos. Hoy Marca profundiza en el tema. ¿Se equivocaron hace dos años al no vender? Seguramente, se paga más cuando se presupone un crecimiento. Posiblemente Torres valiese más hace dos años, la mediocridad desgasta. Sólo un excepcional mundial haría de Torres una buena venta. Y en ese caso… ¿venderían?

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