¡Ese Cadi, oé!
Se suelen leer y escuchar con cierta frecuencia frases como “La afición del equipo tal es la mejor afición del mundo”, habitualmente en boca de algún forofo del susodicho conjunto. Es una cuestión interesante si uno se pone a pensarla. ¿Con qué criterios la distinguiríamos? Circunscribámonos a España, el mundo es muy grande. Si fuera por numerosa, parece bastante claro que el club que más seguidores tiene en nuestro país es el Real Madrid, muchos de ellos como segundo equipo. Ya hace mucho tiempo también se acuñó la expresión “la millor afició del món” para referirse a la culerada. Si se trata de quien mejor reconoce los méritos del contrario, seguramente nos tenemos que ir a la Catedral, y si es apoyo en los malos momentos, siempre se viene a la cabeza ese “Viva er Beti manque pierda”.
En este sentido, si de algo está gozando esta Liga es del regreso a Primera de la afición del Cádiz, que al contrario de lo que ocurre con las anteriores, es difícil que encuentre un rival en el mundo para aquello que la caracteriza: la originalidad, el gracejo y, sobre todo, una alegría arrolladora que se trasluce en una relativización extrema del resultado, en apoyo constante, multitudinario e incondicional al viejo “submarino amarillo” y en el hecho de que caen bien allí por donde pasan.
Tienen reacciones que se ven raramente en ningún lado, como corear con olés al equipo con el partido perdido, celebrar el gol del honor contra el Barça como si fuera la final de la Champions o gritar como un solo hombre “Este partido lo vamos a ganar” con 3-1 en contra en el marcador y entrando en el descuento. Si la marea amarilla está en las gradas todo puede pasar: si no aparece la ya famosa foto del Papa con la bufanda del club, se oye el himno oficioso “Alcohol alcohol, hemos venido a emborracharnos y el resultado nos da igual”, o la pancarta de Cassano, o el polémico remoquete de Mortadelo (que realmente no parece despectivo sino descriptivo), o el cartel junto a una hucha “Echa algo ahí pisha, a ver si me saco el carné del Cai”, o la camiseta del Mágico como una reliquia, o la foto de Bush en un Cádiz-Madrid diciendo “Quiénes son esos de blanco que están jugando contra el Cádiz”…
Todo esto para apoyar a un equipo que hace tres años estaba en Segunda B y que cuenta con uno de los menores presupuestos de Primera. Ojalá siga ahí por mucho tiempo, porque tanto el club como sus aficionados representan en varios aspectos lo mejor del fútbol.
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