Hostil Mestalla
La moneda que ha abierto la ceja del árbitro asistente Vicente Ejido y ha motivado la suspensión del Valencia - Deportivo podría entenderse como la acción aislada de un descerebrado, pero también como corolario de la intensa crispación que, durante 44 minutos, ha invadido Mestalla esta noche.
Aunque los roces entre estos dos equipos vienen de lejos, no hace falta remontarse al penalty de Djukic para explicar lo sucedido. Ya el partido de ida resultó tenso. Duscher fue expulsado a la media hora de forma no injusta pero sí discutible. La afición del Valencia, no obstante, se sintió agraviada porque el Deportivo cobró ventaja en la eliminatoria gracias a un penalty “de esos que nunca se pitan” pero que, como aquí dijimos, se deben pitar. “Si esto pasa en Italia, el colegiado no sale del estadio”, declaró Carboni al término de un partido en el que se dedicó a magullar reiteradamente a Valerón. También contribuyó a caldear el ambiente el forofismo de imprenta: “¡En Mestalla van por el aire!”, titulaba el diario SuperDeporte, que definía el partido como un choque “copero, con penalti choricesco… ¡y con vuelta!”. Por exclamaciones, que no quede.
Los días previos al partido de vuelta también han venido cargados. Quique Sánchez Flores aseguraba que a su equipo le apetecía un partido “disputado, de choque, caliente para involucrar al público con fútbol y ocasiones”. “La presión hacia el árbitro se adquirió en el partido de ida. Espero que en esta ocasión el resultado final no sea producto de acciones que no se den y que se pite lo que sucede”. Marchena, por su parte, fue más explícito e invitó a la afición a crear “un ambiente hostil con el Deportivo”.
Para predicar con el ejemplo, Marchena se ha empeñado en ser más hostil que nadie. Afortunadamente, no se ven con frecuencia acciones tan infames como su puñetazo criminal a la cara de Arizmendi en el minuto 9 de partido, que le ha costado la expulsión. Por si fuera poco, Marchena se ha marchado al vestuario encendido, haciendo aspavientos y llamando caradura al árbitro con gestos visibles. En suma, sembrando toda la hostilidad posible. La grada ha respondido y, a partir de ese momento, ha enloquecido. Hasta el gol de Villa, al filo del descanso, ha gritado por todo y ha protestado por todo, justo igual que los futbolistas de su equipo. Y en el minuto 44, cuando Villa celebraba un gran gol en el córner, un individuo ha decidido concretar sus protestas con una moneda que ha puesto punto y aparte a la eliminatoria. Si le identifican, podrá alegar en su defensa que él sólo trataba de ser hostil, como le había pedido Marchena.
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