El adiós del incomprendido Bianchi

bianchi.jpgEl diario argentino Olé revela hoy que Carlos Bianchi no volverá a entrenar. El panegírico en cuestión retrata al virrey como un hombre “que jamás se creyó los elogios”, justo lo contrario de cuanto aparentó durante su breve estancia en España, donde parecía haberlos interiorizado con sumo gusto.

No se trata de retomar el intenso debate sobre la labor de Bianchi en el Atlético. Lo que llama la atención son las razones por las que, según Olé, el técnico argentino no pudo reeditar aquí los éxitos conquistados en su país. Según Olé, Bianchi está “desilusionado de Europa” y de los “jugadores sin ambición” que aquí encontró:

“La reciente experiencia en Atlético Madrid, que le trajo a la memoria recuerdos de su paso por la Roma cuando veía llegar a sus muchachos con naves espaciales y vestidos en oro, le bastó para comprobar que su filosofía de trabajo necesita jugadores con un hambre que en Europa no se consigue”.


El artículo de Olé exculpa a Bianchi por completo, sin el menor asomo de crítica. Toda la responsabilidad es de esos jugadores indolentes. Los mismos que, a las órdenes de Pepe Murcia, han conseguido en tres semanas casi tantas victorias como el Virrey en cinco meses. Los mismos que aseguran que, antes de saltar a disputar el Deportivo - Atético de la segunda jornada, escucharon atónitos las sabias órdenes del virrey, que les insistía en que debían atar corto a Roy Makaay.

Acompaña a la noticia un artículo de opinión. Lo firma Leo Farinella y se comenta solo:

“Usted es un competidor nato, Carlos, ¿cómo se va a ir así? No les dé bola a los españoles, mire el desastre que están haciendo con el Real Madrid, ¿alguna vez ganaron un Mundial? Di Stéfano les enseñó a jugar al fútbol y el Barsa compró el siglo pasado la escuela holandesa. […] La inteligencia que tanto valora en sus dirigidos le permitirá capitalizar esta experiencia como un aprendizaje. Nadie sabe todo, Carlos. Una porción de este fracaso le corresponde. No contemos porcentajes, minucias ni miserias, hay jugadores empachados de caviar, que viven como millonarios y no están dispuestos a transpirar como laburantes. Imagino lo que habrán puteado por los azotes del profe Santella. No lo entendieron o no quisieron entenderlo”.

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