El gol de Villa
El partido que anoche disputaron Deportivo y Valencia en Riazor (0-1) podría ser recordado en lo sucesivo, especialmente en Mestalla, como la dulce revancha de una eliminatoria copera áspera y especialmente polémica. Con más motivo, también pasará a la historia como la noche en que Santi Cañizares le detuvo a Víctor dos penaltis consecutivos, pues Rubinos Pérez ordenó repetir el lanzamiento tras la primera parada (curiosidad: en el partido de la primera vuelta Iturralde González también mandó repetir una pena máxima que Molina le paró a Villa). Cuando eso sucedió, el Valencia ya marchaba por delante. Si por algo será recordado este partido, sin lugar a dudas, es por el gol de Villa. Un lujo.
Villa es un delantero muy peculiar. Se trata de la irrupción del año en el fútbol español, y aprovecha cada jornada para reivindicar un puesto en el once de Luis Aragonés en Alemania. “El guaje” no espera a que sus compañeros le encuentren. Su participación es incesante. Baja a recibir, se decuelga constantemente a una banda y a otra, tira paredes o enfila la portería en cuanto tiene ocasión. Anoche, poco antes de marcar, lo había intentado en varias jugadas como extremo derecho. En el minuto 20, en cambio, se dejó caer por la banda izquierda. Recibió el balón en el centro del campo y no necesitó levantar la cabeza para comprobar la posición de Molina. Tenía el gol en la cabeza. Chutó y su parábola diagonal recorrió más de cincuenta metros hasta encontrar la línea de meta.
El Depor pudo levantarse con la ocasión del doble penalty (triple, de hecho, pues Víctor también mandó a las nubes el rechace del primer lanzamiento), pero su persistencia en el error le aturdió tanto que llegó al descanso sometido a su rival. Si la primera parte fue espectacular, aunque no preciosista (a lo narrado hay que añadir un tiro al palo de Víctor y una falta lanzada por Villa que Molina desvió al larguero), en la segunda el fútbol decayó notablemente. Los gallegos andan muy atascados en casa. No tienen ideas. Se podría decir que el Depor pasó el último cuarto de hora en el balcón del área del Valencia, pero echó de menos la chispa del lesionado Valerón, e incluso la garra de Scaloni, porque Tristán hace tiempo que no está, a Taborda no se le espera y ni Senel ni Xisco están llamados a cargar con ese fardo. Da la impresión de que ninguno de los jugadores del buen grupo de Joaquín Caparrós, a la espera de saber lo que puede dar de sí Arizmendi, está llamado a marcar diferencias. Justo lo contrario que Villa. El Valencia ha encontrado un filón.
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