Segurola y Trueba, el arte de la crónica

segurola.jpg Hace ya bastante tiempo que los que adoramos la crónica futbolística tenemos una cita periódica con los que son casi indiscutiblemente los grandes maestros españoles del género: Santiago Segurola, redactor jefe de El País, y Juanma Trueba de As. Hay otros muchos periodistas que son más que dignos exponentes del género, como Miguélez, Besa, Alcaide, Escorcia u Ortego, pero están seguramente uno o varios escalones por debajo de los arriba citados.

Segurola y Trueba cubren habitualmente (aunque no siempre) las crónicas de los partidos del Real Madrid. Esto, que es una desgracia para los seguidores del resto de equipos que no pueden disfrutar de sus plumas en los asuntos que les son más cercanos, resulta una ventaja a la hora de comparar los estilos de los dos periodistas, tan sumamente diferentes que quizá sólo coinciden es su altísima calidad. Así, para ponerlos uno frente a otro, podemos fijarnos en los respectivos tratamientos que dieron al Madrid-Español del pasado sábado.

El estilo del bilbaíno Segurola se caracteriza esencialmente por la precisión, entremezclando habitualmente la pura descripción, el análisis y la opinión personal. Para describir, utiliza habitualmente un lenguaje muy cuidado, con vocabulario amplio y abundancia de metáforas y otras figuras literarias; suele alternar frases cortas y punzantes como dagas con párrafos de carácter explicativo que dotan de profundidad al texto. Sus crónicas contienen habitualmente un párrafo introductorio, un corpus donde se narra el encuentro y una frase final lapidaria. En lo que respecta al análisis y la opinión, siempre discutibles por personales, los fundamenta al menos en un saber enciclopédico, como dan fe las charlas que mantiene de vez en cuando con los lectores de El País Digital.

Como ejemplo, podemos ver las primeras líneas de su crónica del partido del sábado,

El Madrid superó al Espanyol con la elegancia, suavidad y eficacia de un Rolls. Le ayudó un rival que desconoce el principio básico del fútbol: un partido lo disputan dos equipos.

donde con treinta palabras le basta para que cualquiera tenga una visión general de lo que fue el partido. O su visión de Cicinho, con la explicación previa y el remate final.

Cicinho llega desde lejos, es difícil de detectar y acaba las jugadas con una claridad impropia de un lateral. Si Roberto Carlos se imponía por potencia, Cicinho domina con la naturalidad de su juego. Puro fútbol.

trueba.gif Juanma Trueba es otra cosa. Como desde la ortodoxia es difícil destacar y por sus venas bulle una fiebre iconoclasta que es bien fácil de percibir, su modo de relatar los partidos es original, arriesgado y con frecuencia sorprendente: habitualmente, elige un leitmotiv que no tiene nada que ver con el fútbol. Puede tratarse de una película, de una anécdota que haya ocurrido en su vida, de un sueño o de una mujer. Y aunque parezca a primera vista improbable, es capaz de utilizar ese tema como hilo conductor para contarnos cómo ha sido el partido que nos interesa. Y dispone de un arsenal infinito de recursos para hacerlo, como una especial habilidad para la comparación aguda y sutil, facilidad para mostrar cercanía y crear complicidad, o un sentido del humor sano y arrollador que con frecuencia sacude sus párrafos y desarma al lector.

El partido que nos ocupa, le hizo pensar por ejemplo en uno de esos mastodónticos filmes tipo “Lo que el viento se llevó”:

Cuando al Madrid le salen bien las cosas en el Bernabéu sus partidos son como esas viejas superproducciones de Hollywood en las que nadie reparaba en gastos, películas desmesuradas que concentraban estrellas y, si se terciaba, elefantes, y que para concluir las diferentes historias planteadas incluían varios finales felices y otros tantos besos a tornillo.

Una vez que ha definido el marco al que nos va a llevar esta vez, va situando en él a los protagonistas:

Guti, que es el chico de la casa, el rebelde que regresó para hacerse cargo del negocio. Continuó Zidane, que es un señor como los de antes, con sombrero de copa y botines;[…] incluso Woodgate estuvo a punto de conseguir el quinto gol, aunque entonces la película hubiera virado a producción de Disney.

Y tras haber completado la narración, vuelve a su motivo recurrente para concluir:

El Bernabéu se desalojó como se abandonan los cines después de una gran película, cada uno imitando al tipo que más le impactó.

Resumiendo, podríamos decir que si el arma de Segurola es el bisturí, la de Trueba es la chistera de mago. Ojalá ambas sigan funcionando mucho tiempo.

Secciones: Fútbol mediático, Cultural

« Simeone, del campo al banco | El paralelismo entre Cruyff y del Bosque »

Noticias relacionadas