El paralelismo entre Cruyff y del Bosque

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Desde hace ya bastante tiempo, el ex-jugador y ex-técnico culé Johan Cruyff, se ha convertido en una especie de voz de la conciencia de todo el barcelonismo. El estatus alcanzado por Cruyff, especialmente tras la conquista de la Copa de Europa en Wembley y de las cuatro Ligas del dream team, es tal, que prácticamente nadie, ni jugadores, ni directivos, ni por supuesto socios o aficionados, osan rebatir las palabras del genio holandés. A menudo se descuelga con declaraciones polémicas, frecuentemente inoportunas y ventajistas. No son extrañas sus críticas al club desde su posición de privilegio moral. Pero no pasa nada, nadie se rasga las vestiduras, nadie entra al trapo, apenas nadie muestra su disconformidad. Él es Johan Cruyff, historia y mito del FC Barcelona, y por eso parece que goza de cierta inviolabilidad y se le permite decir lo que piense.

Sin ir más lejos, la última “rajada” del ex-entrenador se produjo tras la derrota culé del domingo ante el Atlético. En un alarde de ventajismo, Cruyff criticó en su habitual columna de La Vanguardia el cambio de sistema y de estilo de juego de Frank Rijkaard. Nadie se ha extrañado, es ya práctica habitual del holandés. En plena “clase magistral”, no dudó también en opinar sobre el problema del maltrecho césped del Nou Camp; la causa del problema es evidente según él: el sol. No hay aspecto del club que pase desapercibido para Johan. Lo mismo critica el sistema de juego, que el rendimiento de un jugador concreto, el trato y cuidados que se le dan al césped o el gasto en fichajes realizado por el club. Nada escapa a los dardos de Johan, porque él es más barcelonista que nadie.

En estos últimos tiempos, he venido observando un fenómeno similar en el eterno rival. Vicente del Bosque, ex-jugador y ex-entrenador del Real Madrid, al que todo el mundo conoce y no es necesario presentar, parece haber decidido adoptar un rol semejante al desempeñado por Cruyff en el Barça. Rara es la semana en la que no se oye alguna voz más o menos crítica del salmantino hacia su ex-equipo.

Al igual que Cruyff en el FC Barcelona, Del Bosque goza de una relativa autoridad moral dentro de un sector madridismo, aquella autoridad que le dan sus dos Ligas y sus dos Ligas de Campeones con el equipo blanco. Parece como si, consciente o inconscientemente, Vicente tratase de emular a Cruyff, actuando en cierto modo como él con respecto a su club de toda la vida. Sin llegar aún a los extremos y la capacidad de desestabilización del holandés, las críticas de Del Bosque suelen siempre tener un claro destino: la directiva madridista. Él sabe que la afición, o al menos esa gran parte de la afición que le añora, se lo permite. Por eso, gusta de tontear con la posibilidad de un regreso al banquillo de Chamartín, aunque él mismo reconozca que es algo realmente complicado. Él, del mismo modo que Cruyff en el Barça, también puede.

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