Notas del Real Zaragoza-Real Madrid
Zaragoza-Real Madrid 6-1, el resultado lo dice todo. ¿Cómo fue posible? Veamos.
El Zaragoza, de manual. El equipo maño construyó ayer un monumento al contragolpe. Aprovechando el desajuste posicional de la defensa blanca en el segundo tiempo, los blanquillos realizaron unos contraataques que deberían salir en los videos de las escuelas de fútbol: salida rápida del balón, primer toque retrasando al lanzador (normalmente Celades o Cani) mientras uno o los dos extremos se abrían y Ewerthon y Milito salían como balas. Indefendible para una defensa donde los laterales estaban, a esas alturas del partido, en campo contrario.
¿López Caro culpable? Se le han criticado hoy desde ciertos medios al entrenador del Real Madrid las rotaciones que efectuó en el partido de ayer. Sin embargo, si las examinamos, tampoco debieran haber sido tan decisivas: por Cicinho entró Míchel, lateral titular del Madrid en los últimos años, y por Zidane Baptista, titular casi toda la temporada. El Real siguió conservó el esquema de 4-2-3-1 que ha implantado López Caro, y salvo fallos puntuales, dio una imagen razonablemente decente hasta el 3-1. Desde las filas blancas también se habla, quizá con justicia, de penalties escamoteados, pero no debería esto servir de excusa para justificar un ridículo tan estremecedor y tanta inferioridad. Que no debería ser achacada, al menos únicamente, al preparador lebrijano.
La clave. Habría que buscarla en tres factores básicos. En primer lugar, el inmenso acierto de Diego Milito en el primer tiempo, que envió a la red los tres primeros balones de que dispuso. Después, la habilidad del equipo maño para profundizar en las grietas defensivas del Madrid, primero en la banda izquierda y en todo el frente de ataque a partir del cuarto gol. Y finalmente, la diferencia en los rendimientos individuales.
Al final, el fútbol son los jugadores. La columna vertebral del Zaragoza funcionó como un reloj: Gabi Milito maniató a Ronaldo, desaparecido toda la noche; entre Zapater y Celades desesperaron a Guti, Ewerthon fue la flecha que acostumbra (marcando además el mejor gol de la noche) y Diego Milito firmó quizá el mejor partido de su vida, con un póker que combinó habilidad, velocidad, tiro y remate. En el bando rival, sin embargo, Roberto Carlos fue un poste en la banda izquierda, por donde los maños penetraron como puñales; Helguera se pasó el tiempo que estuvo persiguiendo fantasmas a ras de suelo; Pavón salió hecho un flan, y Gravesen sencillamente no existió. Sin olvidarnos de Casillas, que pudo hacer bastante más en tres de los goles, y cuyo rendimiento ha decrecido notablemente desde que el Buitre defenestró a su entrenador Amieiro. Demasiados handicaps para una defensa que hasta ayer no había encajado ningún gol en Copa.
Si al final se confirma el casi seguro pase del Zaragoza, más de uno estará de acuerdo con la frase de Víctor: “deberían darnos la Copa directamente”. Habrán tumbado a Atlético, Barcelona y Madrid. Ahí es nada.
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