La dignidad de Samuel Etoo

etoo_romareda.jpgNo nos inmutamos cuando 30.000 personas a coro llaman “hijo de puta” a un futbolista rival. En cambio, nos rasgamos las vestiduras cuando un grupo infinitamente menor grita “Uh, uh, uh”. ¿Significa esto que deberíamos acoger con indiferencia incidentes como el de anoche en La Romareda? Todo lo contrario.

Quienes gritaron anoche a Samuel Etoo, o quienes gritan cualquier día a cualquier otro jugador negro, no son racistas. Sólo son imbéciles que dan donde más duele, como también son imbéciles (y muchos más en número) quienes insultan a Cañizares, a Guti o a Fernando Torres, quienes a voz en grito desean la muerte a Karpin o Salva Ballesta, quienes llaman drogadicto a Gurpegui y terrorista a los once jugadores de la Real Sociedad, extranjeros incluidos.

La reacción de Etoo, como la de Zoro hace tres meses, es comprensible. Su condición de crack no le despoja de un solo gramo de humanidad. Habrá quien piense que hizo mal, que debió hacer oídos sordos y seguir como si nada, que así sólo ha conseguido amplificar los gruñidos de unos pocos. Otros, en cambio, aplaudirán su “Yo no juego más” como un antes y un después en la lucha contra el racismo en nuestro fútbol. Cada cual tiene su parte de razón, pues bajo cualquiera de esos argumentos subyace un mismo asunto: la mala educación, el hábito más arraigado en los estadios españoles, colores al margen.

[Foto: FCBarcelona.com]
[Vídeo: Gritos racistas contra Etoo en La Romareda]

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