Los candidatos se descuelgan

El Barcelona ha aumentado la distancia respecto a sus perseguidores, pero el efecto de esta jornada es más importante que los puntos que araña frente a Madrid y Valencia.

La de ayer era una de esas jornadas para saber si había Liga de verdad. El Barça venía de disputar un partido durísimo contra el Chelsea, y los rivales de Madrid y Valencia no parecían tan peligrosos como un Zaragoza que ya puso en aprietos a el Barcelona y que vapuleo al Madrid. ¿Si no conseguian recortar distancia con estas circunstancias cuando lo harían? La distancia ha crecido.

El Barcelona hizo los deberes el sábado (qué raro que nadie se quejase por jugar el partido en sábado después de un partido en miércoles). Se sobrepuso al desgaste, al cansancio y a un problema extradeportivo.

Al Valencia le pesó su falta de ambición. Este Valencia de Quique quiere recordar a aquel de Benitez con sus virtudes y sus problemas, y esta es una de ellos. Aunque el Valencia se mantiene en unos números sobresalientes, que en otra temporada le permitirían disputar o ganar el título, el Barcelona ha hecho del ganar un hábito, y frente a eso no valen empates ni media inglesa. Lejos de preocupar, estos resultados, se tienen que ver que desde la perspectiva de un equipo en construcción. Aunque el Valencia esté en el camino, faltan cosas por hacer, Quique lo sabrá y seguramente todavía esta lejos de todo lo que quiere de su equipo. Pero el crédito que está ganando le vendrá muy en temporadas sucesivas cuando haya que ir renovando piezas clave del Valencia más reciente.

Peor pinta tiene el Madrid. Con el rival más fácil de los tres y el que peor resultado obtiene. Con una imagen muy mala y donde las declaraciones de Sergio Ramos revelan una desunión terrible. Lejos de ser un equipo en construcción más parece ser un equipo que no ha tocado fondo. Algunos, en la visperas del partido del Arsenal, dirán que esto recuerda al Madrid de la séptima, razonamiento con más de casualidad que de causalidad.

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